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Es tarde Mariano


Todo apunta a que el PSOE pactará con Podemos e ignorará la oferta de Esperanza Aguirre de ceder la alcaldía de Madrid a Antonio Miguel Carmona. El PP es un buen gestor pero es un partido que de acuerdo con Metroscopia no sería votado nunca por un 54% de los españoles, sobre esa base el presidente de la consultora demográfica lo definía hace poco como “El Mou de los partidos políticos”. Parece ser que entre el resto de formaciones políticas la opinión es similar.

Tras la desbandada de algunos de sus barones Rajoy se ha dado cuenta de que hay que hacer algo para revertir la situación y que la estrategia del avestruz, pese a la buena marcha de la economía, no tiene visos de dar resultado de cara a las generales. Es demasiado tarde.

El 21 de noviembre de 2011, con la mayoría absoluta en el bolsillo, y teniendo conocimiento del agujero que dejaba en las arcas públicas el PSOE – gracias a su victoria previa en casi todas las autonomías ese mismo año – la estrategia del gobierno fue jugar la carta de la recuperación económica y nada más. La situación que atravesaba España era crítica pero el PP cuenta con cientos de militantes a los que se les podía haber puesto a pensar en cómo mejorar la calidad democrática de nuestras instituciones, entre ellas la de los propios partidos. Se dieron tímidos intentos como el de Ministro de Justicia Ruiz-Gallardón tratando de despolitizar el CGPJ, aquella reforma fue frenada en seco y de iniciativas similares nunca más se supo.

Nadie en el PP supo ver, o hacer ver a los que cortan el bacalao,

que las demandas de una sociedad que estaba siendo objeto de sacrificios considerables no descansaban sólo en la pronta recuperación de la economía y en la abundancia de crédito. Hubiera bastado con ser mucho más contundente con los casos de corrupción y con la erradicación de privilegios – un gesto mucho más significado con los coches oficiales era algo de lo más sencillo –. A su vez, el discurso de la nueva izquierda era poderoso y para tratar de aplacarlo se optó por políticas alejadas de lo que esperaba el votante –subidas de impuestos, leyes descafeinadas o que nunca llegaron al Congreso, como la de liberalización de Colegios Profesionales – pasando de soslayo sobre cuestiones críticas para una sociedad cada vez más joven y que demanda nuevos mecanismos que incrementen su participación o que al menos les hagan sentirse más integrados en la toma de decisiones.

A cuatro meses de las elecciones generales hacer creer que eso va a ser diferente en la próxima legislatura es algo del todo inverosímil. De manera que, con Monedero desaparecido del mapa, sólo queda el discurso que se reveló insuficiente el pasado 24M: El de la recuperación y el del miedo a que se estanque de nuevo la economía. No sabemos que pactos saldrán de las elecciones del 24M y cómo afectará eso a los votantes, sin duda lo hará, la cuestión es si fortalecerá al PP o lo debilitará aún más.

Un hombre del S. XX en el S. XXI


Después de las previsibles medidas que se anunciaron el viernes en el Consejo de Ministros me resulta sorprendente la reacción de la mayoría de personas que vaticinaban que nada iba a cambiar.
¿Cabía alguna esperanza de que el gobierno de Mariano Rajoy bajara los impuestos, tal y como prometió en campaña electoral? Sinceramente no. No la había.
En apenas año y medio el gobierno de Mariano Rajoy ha sorprendido a propios y a extraños. No obstante, si bien la sorpresa que motivaron las medidas que se adoptaron el 31 de diciembre de 2011 era comprensible, creo que no estoy mintiendo cuando digo que todo lo que ha venido después ha sido una crónica de una asfixia anunciada.
¿Por qué? Pues porque si uno repasa mentalmente todas las descripciones de la forma de actuar de Mariano Rajoy, durante la oposición y durante el gobierno de Aznar, todas coinciden en una cosa, Mariano Rajoy siempre deja que las cosas caigan por su propio peso. Es paciente, tanto que irrita. Independientemente de la situación se parapeta en discursos genéricos, en frases complejas y en palabras que casi nadie usa. Él hace su camino con la gente que él cree que le puede servir de apoyo y ahí va, hasta donde llegue. De momento es Presidente del Gobierno.

El temor que muchos tenemos es que ésta vez no haya elegido bien. De hecho, muchos consideran que se está equivocando muchísimo y arrecian las críticas desde todos los medios de comunicación de todos los signos y banderas.
Mariano Rajoy siempre ha actuado de la misma manera. Es probable que muchos tuviéramos la esperanza de que Mariano Rajoy, después de la mayoría absoluta que conquistó en las urnas, sacara su cabeza de la guarida y diera un paso al frente. Pero los que teníamos esa esperanza olvidábamos que en todas las oportunidades que Rajoy podía haberlo hecho nunca lo hizo. Siempre aguarda, siempre espera, nunca se estira para alcanzar antes el fruto, él espera a que caiga. No es un líder al uso.
Y esa falta de liderazgo es probable que nos acabe pasando factura. Yo tenía confianza en Rajoy, pero nunca tuve la suficiente como para concederle mi voto. Estaba cantado por todos y en todas las escalas del pentagrama que Rajoy carecía de liderazgo. Aun así muchos se afanaron en auparle. Ahora son muchos los que se afanan en intentar abrirle los ojos. Pero Mariano no escucha, está en lo alto del torreón de su palacio, allí donde fue aupado por todos. Con la convicción de que si le aupamos tan alto es porque queríamos que él, con sus defectos y sus virtudes, nos sacara del agujero. Sigamos gritando, empujemos el torreón lo que queramos. Éste no se moverá un ápice, y Mariano no bajará la vista. Sabíamos que podía ocurrir pero preferimos ignorarlo. Preferimos creer que Mariano era un hombre del S. XXI, que sabría adaptarse, que llegaría a ser dinámico, que dedicaría un rato a su cuenta de twitter e iba a tener un contacto más directo con la realidad. Pero resulta que no. Mariano es un hombre del S. XX y tiene muchos papeles encima de la mesa que tapan su Smartphone y su ordenador. Quizás deberíamos probar a mandarle una paloma mensajera, o puede que un fax ¿habrá pedido Mariano que le instalen uno de ésos?. Y si, tengo presente lo del plasma, pero que quieren que les diga ¿preferirían que se comunicara por carta?.

La mejor decisión.


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Esta imagen me ha inspirado. No seré yo quien diga que Mariano Rajoy está causando sensación. Tampoco seré yo quien diga que Mariano Rajoy es claro y taxativo. No, no lo es. Como leía hoy en la columna de Manuel Jabois, Rajoy ganó ayer el debate “más por gallego que por diablo”. Y el hombre lleva la friolera de veinte años en política. Desde luego, quien se sorprenda a estas alturas debería hacérselo mirar.
Volviendo a la imagen, encontramos que la cita principal es “A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, y eso también es una decisión”. Que se critique esta frase revela la escasa reflexión que hace el crítico. Por no decir que revela su escasa lucidez al criticarla. En descargo del crítico podríamos decir que en un mundo tan frenético como el actual aquello de “la búsqueda del momento oportuno” queda en un segundo plano. La mayoría de personas queremos todo inmediatamente, y si no es así, buscamos otra opción que nos satisfaga. Puede que esta segunda opción no nos satisfaga tanto como la primera, pero esta menor satisfacción se compensa por la inmediatez de la segunda. ¿Es bueno actuar así? Pues depende. Y disculpad si me pongo gallego, pero es que es así. Y si no que le pregunten a los que decidieron hipotecarse porque “después el precio de la vivienda iba a subir” o porque “todo el mundo lo estaba haciendo” o porque “el del banco me ha dicho que es una inversión cojonuda”.

Los que no tomamos ninguna decisión, decidimos no hipotecarnos. Y creo que con decir eso queda todo dicho.
Tengo dudas acerca de si el Presidente del Gobierno adopta la mejor decisión al no tomar ninguna decisión. En este caso se refería al rescate financiero, y a juicio de muchos no parece haber sido una mala decisión.
Otra cosa son las decisiones que sí ha tomado o frases como “Todo es falso, salvo alguna cosa” o “Me gustan los catalanes porque hacen cosas”. Y ahí no me meto. Cada palo que aguante su vela.

¿Hace tres años o hace cuatro?


Dice Rajoy que llegamos tres años tarde para reformar la banca, parace que no le falta razón cuando fue, precisamente, hace tres años cuando todos los países inyectaron dinero público a sus bancos, mientras tanto en España teníamos el sistema financiero más sólido del mundo. ¿La culpa es de Zapatero? Probablemente sí. Pero parte de culpa también la tiene la sociedad española. Y no me estoy refiriendo al archirrepetido “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, que también, sino al hecho de que en las elecciones de 2008 los electores dieron la victoria al PSOE.

¿Por qué digo tal cosa? ¿Por qué culpo a la sociedad española de haber elegido libremente una opción política válida? Por una sencilla razón, porque nos dijeron que íbamos a donde estamos, nos dijeron aquello de “Viene el lobo” y no nos los creímos. Preferimos creer aquello aquellas confusas declaraciones de Zapatero sobre la herencia del PP (sí sí, sobre la herencia) y la falta de patriotismo de sus críticas.
Es cierto que en 2004, a la vista de las cifras que entiende todo el mundo, era fácil caer en la tentación de creer que los argumentos que daban Mariano Rajoy y el Partido Popular eran electoralistas. Sin embargo la sociedad no quiso creer en un hombre que no era del partido, Manuel Pizarro, el que hubiera sido Ministro de Economía dio una auténtica lección al que por entonces lo era, Pedro Solbes, dio en el clavo en todas y cada una de sus previsiones, y ya por entonces alertaba sobre la prima de riesgo y lo que estaba escalando. ¿Por qué entonces no le dimos o mejor dicho no le dieron importancia a la prima de riesgo y ahora nos la meten por los ojos todos los días?

Manuel Pizarro es un economista, no tenía pasado político, podríamos considerarlo un tecnócrata (uno de esos que tanto temen algunos pero que habida cuenta de los políticos que tenemos creo que serían mucho más adecuados para solucionar los males que padecemos). La mayor parte de la sociedad no atendió a lo que nos decía un hombre que sabía de lo que hablaba, prefirió que los medios de comunicación pensaran por ellos, y dio por ganador del debate a Solbes. No importaba el contenido del debate, sino quien daba la impresión de haber ganado, no importaba lo material, sino lo formal. En las formas puede que ganara Solbes, pero en lo material está más que demostrado que Pizarro dio una auténtica lección; sólo hay que mirar a nuestro alrededor, por si no lo sabían, acabamos de ser rescatados (valga esto último para confirmar que a pesar de mi esfuerzo por diferenciar entre rescate y línea de crédito la diferencia es nula o apenas apreciable).

Por tanto, yo acuso a la sociedad española de ser inmadura, de ser manipulable y de querer ignorar lo que le conviene. Yo acuso a la sociedad española de ser conformista en el 2008. De ser incapaz de predecir los cambios en un futuro cercano, de hacer oídos sordos a profesionales, que no políticos, que están ahí y nos advierten, no ya sólo en un debate televisado, sino todos los días en los medios de comunicación especializados.
No soy quién para acusar a nadie, pero lo hago de todos modos, porque yo en 2004 sí que me creí lo que decía Manuel Pizarro, yo sí que entendí lo que un hombre desconocido para la sociedad, a nivel político, pero válido pretendía hacernos ver. Puede que el haber entrado y salido de un partido político me haya ayudado a comprender que a veces en política pasan cosas inusuales, Manuel Pizarro fue una de ellas, y para muestra un botón ¿alguien sabe que es de él a día de hoy? Pues a eso me refiero.
La sociedad española hizo oídos sordos, las reformas/recortes que se están haciendo ahora debían haberse hecho hace tres años, y no se hicieron. La culpa fue de Zapatero, pues él era el encargado de adoptarlas, pero ¿quién le puso donde estaba?. 

La economía no era la principal preocupación en 2008, ahora es la primera, nos quejamos de nuestros políticos porque no están a la altura, nos quejamos y reclamamos una solución. Nos quejamos porque es más fácil que piensen por nosotros que hacerlo nosotros mismos. Nos quejamos demasiado, y no digo que no haya razones para quejarse, pero creo que también debemos ser conscientes de que lo que cada uno de nosotros hace tiene una consecuencia, y si no pensamos por nosotros mismos y dejamos que lo hagan otros, de poco servirán después nuestras quejas.