Archivo de la etiqueta: Esfuerzo

Mediocridad Millenial

Este principio de año he tenido tiempo para observar leer y reflexionar; hoy me gustaría compartir con vosotros un vídeo (está en inglés y dura 15 minutos, no es necesario verlo para seguir leyendo, pero lo recomiendo).

El video habla de los millenials, Simon Sinek nos viene a decir que los que pertenecemos a esta generación somos víctimas de: Una mala educación, de la tecnología, de la gratificación instantánea y de nuestro entorno. Acierta en muchas cosas de las que dice, como la eterna insatisfacción de los millenials a pesar de que se nos dé todo lo que pidamos, o que la gratificación instantánea a la que se nos ha acostumbrado nos deja en pelotas ante las relaciones laborales o las relaciones personales profundas. Por no hablar de la adicción al móvil que, todos, tenemos.

No estoy de acuerdo con todo lo que dice el vídeo. Los millenials no somos víctimas. Y aquellos millenials que cerca de los treinta años siguen pensando que todo se consigue por tener una cara bonita o por pedirlo de buenas maneras (o pataleando mucho) son simplemente unos inmaduros. Parece que las víctimas abundan en nuestro país, no hay más que echar un vistazo a la situación política de nuestro país. Pero voy más allá y me atrevo a decir que la clase dirigente que tenemos actualmente es la que trata a la sociedad como a un millenial: el gobierno que tenemos nos trata como a niños pequeños que van a obtener todo lo que quieren si lloran o gritan lo suficiente, todo por el temor a que aquellos los que lo consienten todo sin necesidad de una queja alcancen el poder. Es aquí donde entra la mediocridad.

Mediocridad como la que demuestra Simon Sinek en el video, que parece incapaz de darse cuenta de que todo el mundo no se esfuerza igual en igualdad de condiciones. La referencia que hace al millenial que se sentía mal por ganar un premio por participar (probablemente era el que había quedado último por haber estado haciendo el canelo durante toda la clase de gimnasia), obvia que el que quedaba el primero era consciente de que ese capullo se iba a casa con una medalla. Todos hemos visto en clase de gimnasia llegar a los últimos andando porque no querían correr.  Y no, Simon, ese canelo no se sentía mal, ese millenial seguirá haciendo el estúpido hasta que alguien le diga que no vale ni para hacer la ‘o’ con un canuto. Y esto se puede decir de muchas maneras, no hace falta humillar a nadie ni usar malas palabras, pero hay que decirlo. Hay que decir la verdad porque cuando se miente el problema solo se posterga en el tiempo y esas mentiras son las que han generado el problema de que los llamados millenials sean tan difíciles de satisfacer ¿Por qué no suspender al que tarda 10 minutos en dar la vuelta a la cancha de baloncesto andando? Porque nadie suspendía gimnasia. No señor, ese que tardaba diez minutos en dar la vuelta a la cancha se tenía que haber ido a su casa con 0 en gimnasia por imbécil.

Además, también hay que decir que el que ganaba percibía que se premiaba -quien diga que aprobar después de dar la vuelta a la cancha de baloncesto en 10 minutos no es un premio se puede ir a hacer gárgaras- al que no se esforzaba igual lo que genera distorsiones varias: Una, puedes ganar algo si no te esfuerzas. Dos, gano menos a pesar de haber sido el mejor porque nuestro sistema está diseñado para premiar a todos con lo cual mi recompensa no es la que debería ser en condiciones normales. Tres, si dosifico adecuadamente mi esfuerzo puedo seguir ganando siempre, aunque no me esfuerce al máximo durante todo el tiempo. De manera que se consigue algo totalmente devastador, desincentivar la pasión por hacerlo lo mejor posible. Pero no sólo eso, además consigues que aquellos que realmente han hecho las cosas lo mejor posible no se sientan considerados; se sientan peor, cuando en realidad son los únicos que se preocupan por mejorar, ya sea encontrando su pasión, trabajando por ella y por el reconocimiento de la recompensa. Recompensa que sólo encontrarán cuando aterricen en un entorno de excelentes y no de mediocres.

Después de esta observación reflexiono y me pregunto ¿Cómo aplicamos esta metáfora de la gimnasia al sistema educativo español? LOGSE: Aunque suspendas dos asignaturas pasas de curso. La que haya ahora: Aunque suspendas cuatro pasas de curso. Dentro de cinco años será, aunque saques todo 3,5 podrás ser médico. Porque ese gobierno millenial al que hacíamos referencia nos permite desentendernos de afrontar la frustración de nuestro niños así como olvidarnos de que la competencia sana es positiva. 

Siguiendo con el vídeo de Simon me pregunto ¿Cuál considero que es el papel que juega la tecnología en todo esto? Que la mayoría de los millenials sabemos manejar un ordenador, un Smartphone o hablar inglés mejor que la mayoría de nuestra generación anterior. Tenemos mayor capacidad para hacer determinadas tareas que aportan un alto valor añadido a cualquier cosa que se trate de acometer en el Siglo XXI, desde hacer una página web a usar y entender las redes sociales de forma efectiva, pasando por cosas más complejas como saber explicar lo que es blockchain o sacar partido de la economía colaborativa. Por desgracia para las generaciones anteriores a la nuestra eso es una ventaja competitiva que a medida que pasa el tiempo va haciendo más grande la brecha digital entre unos y otros. Por desgracia para los millenials a medida que pasa el tiempo las generaciones que nos preceden también se hacen más conservadoras y el hacer ver con nuestros ojos a nuestros mayores el mundo tal y como lo vemos es más complicado de lo que parece. Eso conlleva, entre otras cosas, que para el Millenial que realmente se esfuerza no exista una percepción de referentes nacionales válidos en los que depositar su confianza. La mediocridad se percibe en una y otra generación por encima de cualquier otra cosa: Los imbéciles que han llegado sin hacer ruido a lugares donde se han convertido en referentes para el resto de mediocres que les han acompañado a lo largo de toda su vida. Aquí incluyo: A los empresarios o emprendedores, según la generación, que son un fraude (el lenguaje común me obliga a matizar para que los menos agudos entiendan que estoy hablando de ambas generaciones), políticos que engañan con sus cantos populistas de sirena, hijos de papá que han conseguido el enchufe para que pase lo que pase tenga una nómina, ya se la pague el padre o el amigo del padre… Con un problema adicional, el mediocre se rodea de gente más mediocre aún y relega al brillante a puestos donde luzca menos para que su posición no se vea amenazada. Todo lo contrario que promovía Steve Jobs en Apple o Jeff Bezos en Amazon. Este último al principio sólo se contrataban a empleados que tuvieran un coeficiente superior o igual al de los empleados existentes. 

Concluyo señalando que no soy de los que piensan que los millenials seamos vagos, creídos, o soñadores. Simplemente es una cuestión de madurez. Nuestra maduración ha sido más lenta y estamos entre dos generaciones que han madurado y que maduran más rápido que nosotros, lo cual nos hace vernos relegados en muchos aspectos. ¿Eso nos da patente de corso para quejarnos y protestar como cuando éramos pequeños? Si optamos por hacerlo no sólo nos estaremos condenando a nosotros mismos, sino que, además, estaremos promoviendo que los mediocres sigan dictando nuestro futuro en la empresa, en la administración, en la política, en la educación y en todos los ámbitos. La satisfacción de haber puesto el alma y todo el esfuerzo en una cosa tiene una recompensa que sólo una persona suficientemente madura es capaz de reconocer. Reflexionemos nuevamente sobre que país queremos, maduremos y demostremos que no somos víctimas de nada. Si comenzamos el año así, es probable que dé una buena cosecha.

La voz de la experiencia no es cool

Tengo la fortuna de ser una persona observadora y a la que le apasiona vivir aprendiendo constantemente. Vivir aprendiendo constantemente requiere, en primer lugar, reconocer que no se sabe lo suficiente de nada y que siempre es posible profundizar en los conocimientos que uno cree que tiene. Dicho de otra manera, es necesario tener grandes dosis de humildad y abrir los ojos y los oídos aunque no nos guste lo que veamos o lo que oigamos.

En este punto alguien puede pensar que con esa actitud uno puede ser fácilmente engañado y que aunque uno piense que está aprendiendo en realidad lo que está haciendo es perder el tiempo. Verdaderamente esos casos pueden darse en la vida real, no obstante la primera vez que una persona sufre en sus carnes un engaño de ese tipo ese hecho suele ser una lección suficiente para reconocer cuando se nos está engañando y cuando se nos está enseñando.

Las lecciones que tomamos durante nuestra vida pueden suponer para nosotros un mayor o un menor grado de experiencia en función de las vivencias que hayamos atravesado, de los círculos en los que desarrollemos nuestras relaciones sociales y laborales, de nuestro entorno inmediato etc. No obstante hay lecciones que se pueden aprender sin necesidad de vivirlas en primera persona. Cada uno de nosotros puede tomar buena cuenta de las experiencias que han vivido las personas que nos rodean. Cuando un amigo nuestro ha sufrido una estafa somos conscientes de la clase de estafa que podemos sufrir nosotros mismos, de manera que si nos pretenden engañar del mismo modo estaremos prevenidos frente a ese tipo de engaño. Si un familiar nuestro ha sufrido apuros económicos como consecuencia de una mala inversión, trataremos de tener presente las malas decisiones que ha tomado para tratar de evitar caer en el mismo error. En definitiva, podemos tomar ejemplo de las experiencias que han vivido las personas que nos rodean.

Me voy acercando al núcleo del post de hoy. Si nos paramos a pensar en las personas que pueden albergar más experiencias que nadie a nuestro alrededor forzosamente llegaremos a la conclusión que esas no pueden ser otras que las personas de mayor edad. Como dice el refrán “Mas sabe el Diablo por viejo que por Diablo”. Nadie puede negar que las experiencias que haya vivido una persona mayor son mayores que las que pueda haber vivido cualquiera de los nacidos después de los 80. Es verdad que pueden darse excepciones, no voy a decir que no, pero no es lo frecuente. Llegados a este punto cabe preguntarse si nuestra sociedad escucha o se interesa en conocer esas experiencias que albergan en su memoria nuestros mayores o por el contrario entiende que eso es cosa del pasado, que no es moderno y que por lo tanto no es preferible omitirlo.

Es frecuente escuchar, cuando alguien pone reparos a determinadas ideas, que su carácter es rancio, o que parece un viejo. En el debido contexto estas afirmaciones pueden ser lógicas, pero en otras ocasiones obedecen a una motivación que guarda relación con esa resistencia innata de la infancia de no hacer caso a la primera o de creer que se haya en posesión de la verdad absoluta. Normalmente, después de un batacazo por hacer caso omiso a los consejos de la voz de la experiencia, la razón te indica que debes tener cuidado en futuras ocasiones. Sin embargo, de un tiempo a esta parte lo habitual suele ser que tras el batacazo se exijan responsabilidades a quien no corresponden (echarle la culpa al profesor de las malas notas, buscar un chivo expiatorio al que echarle la culpa etc.) de manera que la voz de la experiencia queda relegada a un segundo plano y deja de ser escuchada. Como consecuencia de ello se produce una infantilización crónica que va calando con mayor profundidad cada vez que no se asumen las consecuencias de una mala decisión.

En otros casos ésta sí que es escuchada, sin embargo hacerle caso o seguir sus indicaciones requiere un esfuerzo adicional que no se exigía antes del batacazo. De ese modo se apela a la compasión y al perdón esperando una relajación de las condiciones que implica seguir las indicaciones de esa voz de la experiencia. Esto es también causa de la infantilización apuntada y  mi juicio ello viene motivando que muchas cosas que años  atrás se consideraban básicas hayan pasado a ser denostadas y vilipendiadas. Estoy refiriéndome, como muchos habrán intuido, a la cultura del esfuerzo, a la meritocracia y a la búsqueda de la excelencia. Al respeto a lo que ahora se llaman principios y que antes eran valores, en definitiva a todo eso que ahora suena a rancio o a anticuado pero que ha sido, en mayor o menor medida, el motor de la humanidad durante la mayor parte de su historia.

Lo que ocurre con todo ello es que ha pasado de moda, ya no es cool, y en buena medida porque quien habla de todo ello son personas que nos exigen un esfuerzo similar al que ellos tuvieron que realizar para salir adelante. Son personas que tuvieron que luchar con todas sus fuerzas en unas condiciones que probablemente, a pesar de la crisis que estamos atravesando a día de hoy, no desearíamos para ninguno de nosotros. Nosotros exigimos salir adelante porque pensamos que tenemos el derecho a hacerlo, sin pararnos a pensar que para salir adelante hay que esforzarse día y noche, y más si uno es ambicioso. No puede exigirse un salario de 2.000 euros mensuales porque hace 10 años se ganaba eso recién salido de la Universidad. ¿Sería lo ideal? Sinceramente, no lo creo. Entiendo que para aquellos que desprecian el esfuerzo y repelen todo aquello que exija sacrificio sí que lo sería. Sin embargo, deben ponerse las cosas en perspectiva y analizar si eso es lógico y razonable o no lo es. Por otro lado, las condiciones cambian constantemente, pero de este tema hablaré en otra ocasión.

Los cantos de sirena han sido muy tentadores durante mucho tiempo y éstos poco tienen que ver con lo que nos enseña la experiencia que han vivido nuestros mayores, independientemente de los logros que cada cual haya alcanzado. Entiendo que algunos puedan criticar la idealización que hago de esas experiencias vividas, pero a mi juicio es la principal fuente de aprendizaje a la que podemos acudir para avanzar como sociedad. Cuando se dice que la historia que se olvida está condenada a repetirse no es algo que se dice por decir, es un hecho y puede corroborarse en cualquier manual de historia. Vendría a ser algo como la experiencia que se ignora está condenada a repetirse, por tanto, cuando ésta ha sido mala es del todo insensato ignorarla. Es realmente sorprendente lo que uno es capaz de descubrir si bucea en la voz de la experiencia, en la voz de los que realmente han vivido y experimentado lo que es la vida. No caigamos en la insensatez de juzgar esas voces como desfasadas o anticuadas, al contrario, tomemos ejemplo de aquello que podamos emplear para evitar vivir malas experiencias o gozar de buenas, a fin de cuentas no se trata de sufrir por sufrir, sino de alcanzar la recompensa al esfuerzo empleado. Ahora bien, entendiendo que el hecho de esforzarse no implica una recompensa per sé, por ello es aconsejable evitar los malos ejemplos y aprender de los buenos. Todo ello, como no podría ser de otro modo, implica ser humilde y esforzarse. Esto es, un esfuerzo que es mayor que el que requiere exigir una serie de derechos a quien supuestamente tiene el deber de garantizarlos. Aprendamos, desde ya, que si no asumimos que todo derecho tiene como contrapartida una serie de obligaciones y que el cumplimiento de las mismas, por muchas garantías legales que estén escritas en un papel, exige también un esfuerzo. Paradójicamente, uno similar al esfuerzo que exige seguir el camino que marca esa anticuada voz de la experiencia.

Breve reflexión sobre el liberalismo económico y el liberalismo en general.

En primer lugar he de confesar que no soy alguien que se sienta atraído especialmente por el liberalismo. No me interesan demasiado los escritos de los autores liberales. Puede que ello esté motivado por el hecho de que siempre han sido minoritarios. No lo sé.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, ha llamado mi atención la existencia de un enconado debate económico entre los partidarios de Hayek (liberales) y los de Keynes (intervencionistas). No trato de abordar el tema con un carácter exhaustivo, pero si hacer una serie de reflexiones que vienen rondando por mi cabeza en los últimos tiempos.

Como alguien ajeno a teorías económicas trato de recabar la máxima información sobre las diferentes propuestas que existen para salir de la crisis. Fue hace dos años cuando oí por primera vez de Hayek. Muchos años antes en clase de historia nos habían hablado de Keynes y su importante contribución a la salida de la crisis de los años treinta. Antes de escuchar las propuestas de Hayek consideraba que las políticas de estímulo y de crecimiento eran las acertadas, pues éstas, supuestamente, habían conseguido que EEUU superara la gran recesión. Pero había un hecho que llamaba mi atención. Mientras que gracias al “New Deal” se habían llevado a cabo importantísimas infraestructuras, entre ellas la presa Hoover, y todo parecía que se había planeado con vistas a un futuro más lejano que cercano, los planes de estímulo aplicados hace escasos años no representaban nada significativo y su justificación era de todo cortoplacista: Salir de la crisis a cualquier precio. Si uno se informa y busca comprobará que reasfaltar carreteras, construir aeropuertos fantasma o poner aceras donde ya las había no ha sido algo exclusivo de nuestro país. ¿Para qué han servido entonces los planes de estímulo? Si algo había sacado en claro de las lecciones de historia era que gracias al New Deal se habían sentado las bases para un crecimiento basado en la industria y en la producción. Casi un siglo después parece que algo de eso se nos ha olvidado. Fue entonces cuando se despertó mi interés en las propuestas liberales.

A mi juicio, un plan de estímulo puede ser bueno o malo. El intervencionismo en sí mismo puede generar efectos indeseados. Los liberales reiteran una y otra vez que el intervencionismo genera incentivos perversos y que suelen ser contraproducentes para aquél que es eficiente y cumplidor. Pero a mi juicio un plan de estímulo bien diseñado puede minimizar esos incentivos perversos y generar un resultado positivo para el conjunto de la economía.
Por el contrario los denominados keynesianos sostienen que los estímulos son imprescindibles para generar ese crecimiento y que es la inversión pública la única que es capaz de generar ese crecimiento en momentos de depresión. Lo curioso del tema es que la excusa que dan, ante los reiterados fracasos de las políticas de estímulo que hasta ahora se han acometido, es que no han sido lo suficientemente “agresivas”. Es decir, que a mayor estímulo el resultado habría sido mejor del que ha sido. Para mí sería más convincente que reconocieran que se han diseñado mal los planes que se han programado y que por eso éstos no han tenido el efecto deseado.

Para el ciudadano medio, aquél que lee y escucha las noticias económicas y prácticamente se queda igual; el debate entre una política económica u otra le es completamente ajeno. Como mucho le llega la falsa contradicción entre austeridad y crecimiento; asociando la austeridad a los recortes y al cumplimiento del déficit y el crecimiento a que Alemania se opone porque son muy tacaños. Y es aquí donde los partidarios del liberalismo económico tienen buena parte de la batalla perdida.
Reflexionando sobre ello llego a la conclusión de que no es porque los partidarios del liberalismo económico sean malos comunicadores. Tampoco lo es el hecho de que los medios de comunicación sean, por así decirlo, partidarios de las políticas de crecimiento, aunque es verdad que en algunos casos la realidad es bastante patética.

Pasando ya a la segunda parte de mi reflexión, bajo mi punto de vista el hándicap del liberalismo económico, y puede que también de liberalismo en general, se encuentra en que para llegar a entender lo que pretenden hay que realizar una reflexión profunda.
El liberalismo surgió como contraposición al Estado absoluto y al poder tiránico que éste representaba. El estado absoluto ya no existe. Sin embargo, los partidarios del liberalismo tratan de equiparar, o al menos eso parece, el estado actual al estado absoluto. La digresión que ello supone para todos los que se han desarrollado gracias al Estado, llamado del bienestar, hace que difícilmente puedan llegar a entender lo que aquéllos proponen.
Un ciudadano medio tenderá a rechazar la reducción del Estado al mínimo porque concibe que el Estado es el que garantiza todo lo que le sustenta. Sólo el que se plantea que es capaz de alcanzar mayores cotas con su esfuerzo individual, sin ayuda del Estado, puede comenzar a atisbar el verdadero significado del liberalismo. Al menos como yo lo entiendo. Ese esfuerzo que el liberalismo exige del individuo es rechazado por aquellos que han sido capaces de acostumbrarse a vivir a costa del esfuerzo de los demás. Y es que, por desgracia, uno de los incentivos perversos que genera el intervencionismo estatal es precisamente ése: la posibilidad de que diversas personas hayan adquirido la capacidad de convertirse en “necesitados” cuando realmente están perfectamente capacitados para esforzarse por ellos mismos y alcanzar mayores cotas de bienestar que las que ofrece el Estado a costa de los que se esfuerzan más. Esta afirmación que para algunos no tiene ningún misterio resulta difícilmente comprensible para buena parte de los españoles. Y es aquí donde el mensaje liberal naufraga. Renunciar a derechos adquiridos a costa de otros es algo que no está en los planes de aquél que concibe que esos derechos son exclusivamente suyos.

Asimismo también juzgo como problema del liberalismo el que se asocie de un modo excesivo, incluso por sus partidarios, al individualismo. La clave radica en que ello no tiene porqué ser así; ese afán por tratar de ensalzar al individuo en sí mismo, sin, en la mayoría de las ocasiones, el necesario apoyo de los que le rodean, genera el rechazo de aquellas personas que tienen la convicción de que dos hombres libres que se entienden y coordinan pueden más que uno sólo. Ignoro si hay corrientes liberales más moderadas en relación al aspecto del individualismo. Y también comprendo que es probable que muchos no piensen de esa manera. Pero eso es lo que cala. Y es eso es lo que lleva a decir a algunos que las propuestas liberales son desvaríos, y por ende las ignoran.
Y la cuestión del individualismo enlaza, con el que a mi juicio, puede que sea el mayor problema que tienen los liberales para transmitir su mensaje. Son diversos los liberales, con carreras exitosas y brillantes en su campo profesional, que uno puede conocer y leer en diversos rincones de la red. Sin embargo, se percibe que están, puede que inconscientemente, más centrados en ellos mismos que en aunar y concentrar esfuerzos para ser una alternativa sólida. Esto último es una mera percepción personal y puede ser que no sea del todo justa.
No obstante, es ahora cuando se echan en falta alternativas, y creo que cada vez más somos más los que echamos en falta una alternativa liberal seria, tangible, de carácter progresivo en sus propuestas y articulada en torno a gente que realmente está preparada y que está ahí, previsiblemente dispuesta a cambiar las cosas, pero sin la iniciativa y la fortaleza suficiente para tomar cuerpo. Un cuerpo que, por otra parte, no tendría por qué ser necesariamente político.

Me podría extender más, pero no es el lugar. Lo que está escrito es lo que pienso. ¿Qué piensas tú?

“Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad.” Benjamin Franklin.

La cigarra, la hormiga y el de la máscara.

Ayer tuve la ocasión de ver un minuto de la película “Los lunes al sol”. Un minuto y nueve segundos para ser exactos. Es esa escena de la película donde el personaje que interpreta Javier Bardem lee la fábula de la Cigarra y la Hormiga a un niño. Cuando en el colegio leí la fábula, atribuida a Esopo por Jean de la Fontaine, la interpretación que le di no coincidía para nada con la de la película. De hecho Javier Bardem afirma que la hormiga es una “Hija de la gran puta y una especuladora, y que lo que no dice la fábula es que porque unos nacen cigarra y otros hormiga”. Os dejo la escena por si alguno dice que exagero o alguna tontería por el estilo. 

Toma del frasco carrasco. No voy a juzgar la película, porque no la he visto, desconozco si a medida que avanza la película estas afirmaciones se matizan o no. Pero el caso es que ayer en twitter alguien definía esta escena como “La construcción social explicada en una escena de los lunes al sol”. Esta claro, que se matice o no, algunos toman esta interpretación muy seriamente. De modo que, como es algo que me llama la atención, y sin entrar a valorar la película, me voy a atener a valorar exclusivamente a esta escena.

En primer lugar he ido a buscar el texto original de la fábula, y me he encontrado con que tiene dos versiones. He de reconocer que desconocía este dato. De hecho en la versión que yo leí cuando era niño, la atribuida a Esopo, al final la hormiga abría la puerta de su casa y dejaba pasar a la cigarra con la condición de que el verano siguiente se esforzara para no volver a pasar hambre en invierno. Sin embargo me encuentro con que el texto original (eso dice en el lugar de donde lo he tomado) de de La Fontaine, que parece ser el más difundido, relata la fábula de este modo:

Una hormiga, llegado el verano, recogía afanosamente granos de trigo y cebada guardándolos en su granero, para alimentarse cuando llegara el invierno.

La cigarra que pasaba el día cantando, se asombró de verla tan trabajadora en la época en que los animales dejando sus faenas se dedican a la diversión y al descanso, porque tienen alimento de sobra.
Ante las burlas de la cigarra, la hormiga se quedó callada y continuó trabajando sin descanso, pero cuando cayó el invierno y con él la escasez de provisiones, la cigarra, hambrienta, fue a pedirle unos cuantos granos para alimentarse.

Entonces la hormiga le dijo:

“Ya ves holgazana, si hubieras trabajado en el momento oportuno, hoy no carecerías de alimento, así que ahora canta, mientras yo como durante todo el invierno.”

Moraleja: Si el ocio te causa tedio, trabajar es el remedio. 

De modo que cambia el final, y resulta que la hormiga no abrió la puerta a la cigarra, y presumiblemente la dejó morir. El final es distinto, pero tanto en el relato transcrito como en la película el texto es básicamente el mismo. Hay alguna pequeña diferencia pues en la escena de la película no se recoge que la cigarra se burlaba de la hormiga. Y tampoco se hace referencia alguna a la moraleja.

A partir de este texto el personaje que interpreta Bardem, en una exhibición de buenas maneras, dice que la hormiga es una hija de puta, una hija de la gran puta y una especuladora. Como si la cigarra no hubiera tenido oportunidad de trabajar en lugar de dedicarse a cantar y a dormir (así lo lee él mismo en la película), carga contra la hormiga porque ella si que trabajó. Deforma la fábula diciendo que algunos tienen trabajo y otros no, de manera que confunde empleo con esfuerzo y destroza por completo el mensaje que trata de transmitir la fábula.

Creo que cualquiera con dos dedos de frente interpreta, sin necesidad de leer la moraleja, que uno tiene que esforzarse para obtener algo. Interpretar que uno nace cigarra y otro hormiga y que por tanto hay gente que por eso no tiene trabajo y otros sí es lo más surrealista que he leído en mi vida. Es tanto como decir que si eres bajito no tendrás trabajo pero si eres alto lo tendrás. ¿Absurdo verdad? Pues parece que para algunos, espero que no demasiados, no. No podía dar crédito ayer por la noche a las sandeces que leía acerca de esta escena. “¿Hay trabajo para todos?” Me preguntaba uno insistentemente, queriéndome decir que hay personas que están condenadas a ser cigarras. No, no hay trabajo para todos, por desgracia; pero el que no haya trabajo no significa que haya que dedicarse a cantar y a dormir, eso es lo que dice la fábula que hace la cigarra o ¿es que los que interpretan de forma tan peculiar este texto olvidan que todo el mundo puede ser trabajador como la hormiga? ¿Cómo se puede confundir una cualidad personal con tener o no tener un empleo?

Mi reacción cuando vi esta escena fue: “pues nada, a tocarse los cojones, que ya nos darán lo que no tenemos y si no se lo quitaremos. ‪#chachi”. Como ya expliqué antes en la versión que yo conocía de esta fábula la hormiga dejaba entrar a la cigarra, de ahí que diga que ya nos lo darán. Y en este punto he de admitir que no me gusta la versión que recoge la película, y no se trata de que la hormiga sea o no sea una hija de la gran puta. Soy cristiano y no me parece bien que alguien que tiene de sobra no de a nadie que no tiene nada y mucho menos dejar morir a la cigarra. Pero igual que yo pienso eso otros muchos pensarán: “que se joda la cigarra por vaga, que se hubiera esforzado cuando tenía ocasión”; porque, repito, la fábula no se refiere a tener o no tener empleo, en la fábula deja bien claro que la cigarra optó por cantar y dormir antes que ponerse manos a la obra en previsión del duro invierno. Yo puedo entender esta postura, pero no la comparto. Igual que tampoco comparto que pudiendo esforzarse/trabajar no se haga y se holgazanee con la esperanza de que cuando tenga necesidad alguien me de lo que necesito.

Hay cosas que son para mear y no echar gota, y luego le dicen a uno que se tome la medicación. Sí, creo será necesario para poder soportar tanta tontería. Como la de esperar a que venga alguien con una máscara con una sonrisa y un bigote pintado y con un sombrero y haga despertar a la sociedad aletargada, sin darse cuenta de que en lugar de esperar uno puede ser el protagonista de su propia vida, y que para eso no hacen faltan pastillas ni rojas ni azules.

Y de esta forma concluía mi post. Lo que ocurre es que siempre los releeo dos veces antes de publicarlos. Y da la casualidad de que no estaba convencido de que la transcripción de la fábula que he recogido fuera la verdadera. Profundizando más he descubierto que no sólo hay dos versiones, hay más de dos. En algunas de ellas se dice que la hormiga codiciosa no quiso dejar entrar a la cigarra, incluso después de prometerle que le devolvería todo con intereses. Bueno, desconozco si las personas que interpretan la fábula como en la película únicamente conocen esa versión de la fábula, en ese caso, les comprendo en parte. No se de dónde coño se sacan que unos nacemos cigarras y otros hormigas, pero entiendo que se critique a la hormiga. Tampoco comprendo que en la película el personaje que interpreta Bardem, sin hacer referencia a ese defecto de la hormiga, la codicia, concluya que la hormiga es una hija de la gran puta y una especuladora. Es probable llegar a esta conclusión si la versión de la fábula que se leyó en la infancia pintaba a la hormiga como la mala. La fábula original, la de Esopo, no decía eso, y es más, como he dicho antes, en ella la hormiga dejaba entrar a la cigarra en su casa. Esa es la que yo conocía, y en base a ese conocimiento he reaccionado. Como digo en el “acerca de” de este blog, no creo que me halle en posesión de la verdad absoluta, y siempre admito puntos de vista distintos. Pero desde el respeto. De modo que sí en algo he molestado a las personas que interpretaron el texto de forma distinta a la que yo lo hice, mis disculpas. Pero no estaría de más que reflexionaran un poquito sobre lo que leen o lo que ven antes de tomarlo como una verdad absoluta. Yo trato de hacerlo.