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La precariedad laboral no se combate con recetas del pasado.

Con motivo del día internacional de la juventud el diario el País publicó un artículo de Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT, donde se relataban una serie de vaguedades sobre los peligros de querer volver a ser joven. Invita a ponernos en la piel de un joven para que nos apercibamos de dicho peligro.

Lo primero que llamó mi atención es que, de acuerdo con lo que dice el texto, es indiferente el ponernos en la piel de un joven cualificado o no cualificado. ¿Cómo es esto posible? ¿No es acaso el alto porcentaje de fracaso escolar de nuestro país una de las principales razones de la precariedad laboral de nuestros jóvenes? Ignorar esto es ignorar, para empezar, una buena parte del problema que afronta el problema del desempleo juvenil en España.

Como bien dice la señora Antoñanzas “Creo que a muchos de nosotros, que estamos convencidos de nuestra capacidad para aleccionar a nuestros jóvenes, nos falta saber y vivir realmente lo que padecen.” En efecto, su artículo demuestra que no sabe ni ha vivido lo que realmente se padece, ni tampoco parece saber de la realidad actual de los jóvenes. Hablaré de mi experiencia personal. Yo tengo título, salí al mercado laboral en 2013 después de haber estado siete años preparando oposiciones, y viví todo lo que describe en su artículo: temporalidad, salarios bajos y a veces trabajos a jornada parcial. Y aprendí todo lo que no me enseñaron 12 años de estudios. No puedo estar más agradecido de haber tenido esa experiencia. Ante esa situación pude haber puesto el grito en el cielo y haber maldecido mi suerte. Pude haber optado por hacer otras oposiciones contradiciendo lo que mi voluntad de trabajar y aportar valor cuanto antes me decían. Pero opté por seguir lo que mi instinto me decía y perseverar.

Un servidor ha pasado por varios procesos de selección de grandes despachos de abogados. En unos fallé, en otros mis entonces 28 años de edad parecían demasiados a los responsables de recursos humanos de grandes firmas que me entrevistaron. La gran mayoría ignoró mis solicitudes de empleo. Me preguntaba “¿Cómo puede ser posible que nadie necesite a un exopositor que está ansioso por trabajar y aportar todo su conocimiento, que es muchísimo, y entusiasmo en un despacho de abogados?” La respuesta era muy sencilla, nunca antes había tenido un trabajo precario donde adquiriera experiencia laboral. Eso llegaría después. Nunca antes había demostrado que era capaz de trabajar como se espera que trabaje un abogado, mi perfil no era el demandado. ¿Es justo que no me contrataran? Después de haber estado al otro lado de la mesa y haber contratado a distintas personas he de decir que sí, es justo. Si en un proceso de selección hay varios candidatos para elegir siempre voy a elegir a aquel que demuestre que tiene más experiencia y se ajuste más al perfil profesional que necesite en cada momento. ¿Es justo que el trabajo ofrecido a los jóvenes sea precario? He de decir que no creo que precario sea la palabra adecuada, pero en el caso de que consensuemos que lo es, ciertamente contratar a alguien y asumir todas las responsabilidades que ello conlleva sin tener ninguna referencia directa de cómo va a desempeñarse esa persona en su puesto de trabajo es algo arriesgado. De manera que sí, nos guste o no, es justo y si queremos que sea de otra manera anímense a contratar a alguien para cualquier trabajo que desempeñen ustedes, a ver qué resultado obtienen. Por otra parte, a menudo se olvida que en realidad el salario que se paga por parte de la empleador es mayor del neto que le queda al trabajador. Una nómina de 1.200€ supone un desembolso de algo más de 1.500€ para el empleador. Algo que no se paga durante los contratos de formación y que cuesta mucho pagar si no se está convencido del todo con el rendimiento del trabajador. Otra cosa es el abuso que se realice de esos contratos, en cuyo caso coincido plenamente en la condena a la precarización del empleo. 

Volviendo al texto de la vicesecretaria de UGT, la segunda cosa que llamó mi atención es que considere como algo injusto que exista una brecha salarial entre jóvenes que acaban de llegar al mercado laboral y seniors que llevan 10 o 15 años en el mismo. Si los jóvenes de nuestro país están perplejos porque nuestro sistema remunera mejor al que lleva más tiempo dentro del sistema invito a todos ellos a que busquen suerte en otros países a ver si les pagan lo mismo que a un empleado que lleve 4 años trabajando en la empresa (no la encontrarán) o que hagan como ya hacen numerosos de ellos, que emprendan y arriesguen. Esta segunda opción es mucho más complicada y lo más probable es que fracasen, pero al menos podrán presumir de que lo hicieron y eso es algo que, a día de hoy, con la masificación de títulos y master universitarios a la que asistimos distingue e interesa a los departamentos de RRHH que tienen algo de idea sobre el mundo laboral del futuro. Es grave la cuestión de la falta de reconocimiento de la categoría profesional, desde luego, pero la razón de que se nos contrate para puestos para los que estamos sobrecualificados no se encuentra en el mercado laboral, se encuentra, precisamente, en el exceso de titulados en determinadas carreras que tenemos en España. No podemos hacer responsable a las empresas de que no tengan ofertas de trabajo para todos, por ejemplo, los abogados que se gradúan al año en España porque no son ellas las que animan a los jóvenes a estudiar abogacía. ¿Por qué no ayudamos a nuestros jóvenes a que reflexionen mejor sobre su carrera profesional en lugar de quejarnos de que los abogados acaban trabajando como camareros?

Coincido totalmente con Cristina Antoñanzas en que ser joven no tiene porque conllevar una condena a la precariedad, la temporalidad, el subempleo o la falta de reconocimiento profesional. Es deseable establecer mecanismos para reducir todo ello, pero, como bien menciona al inicio de su texto, hay una cuestión clave que es la de la actitud. Sin que se demuestre actitud proactiva por parte de los jóvenes no hay mucho que hacer. Tal vez los jóvenes estemos demasiado acostumbrados a que otros vengan a hacer por nosotros lo que deberíamos hacer nosotros mismos. Es en este punto donde tal vez debamos hacer una reflexión sobre lo que se nos exige a los jóvenes en el sistema educativo y lo que se nos exige en el ámbito laboral. He hablado en otros artículos de este blog de la mediocridad y de la sobreprotección de la que hemos gozado, nosotros los llamados millenials. Posiblemente plantearnos como abordar esta cuestión sea uno de los grandes caballos de batalla de nuestro tiempo.

Continuando con el texto, que como ven da para mucho, quiero hacer un breve inciso sobre el tema de las pensiones, hoy en día somos muchos los jóvenes que pensamos que nunca nos jubilaremos. La pirámide poblacional de España, y en general del Europa, nos aboca a un escenario donde el actual sistema de pensiones será insostenible, de manera que si desde UGT u otras instituciones quieren velar por nuestras pensiones les aconsejo que se pongan a trabajar en ver como incrementamos la natalidad de nuestro país porque de lo contrario me temo que, o bien yo y todos los de mi generación no nos jubilaremos nunca, o bien sus nietos tendrán que pagar tales sumas a la seguridad social que no podrán alimentar a sus familias.

Concluye el artículo de Cristina Antoñanzas con ese regusto sobreprotector que está tan de moda haciendo una pregunta que demuestra una ignorancia completa del cambio de realidad que ha sufrido el mundo entero tras la gran depresión que comenzó en 2007. Mientras sigamos aspirando a un mundo de cifras hinchadas por la burbuja seguiremos poniendo expectativas inalcanzables y seguiremos cayendo una y otra vez en la frustración y en reivindicaciones estériles. Asimismo, ignora que, cada vez más, los jóvenes reivindican mayor autonomía y flexibilidad en sus empleos, algo para lo que las grandes empresas y, aún menos nuestra legislación, todavía no están preparadas. El “concepto original del contrato” al que se refiere -donde los jóvenes aprendan de los trabajadores mayores y/o tender un puente de formación hacia el empleo con perspectivas de futuro, de estabilidad y de calidad- ignora que los mayores son incapaces de enseñar a los jóvenes qué es blockchain, como programar una aplicación móvil o como hacer una campaña viral con snapchat. Indiscutiblemente se puede aplicar ese “concepto original del contrato de trabajo” pero en casos concretos y que van desapareciendo poco a poco.  

Desde luego que hay cosas que cambiar. Querer combatir la incertidumbre a la que nos enfrentamos los millenials con una hoja de papel y pensar que con eso es suficiente es ignorar que las recetas viejas no aplican a un mundo donde es la revolución tecnológica la que está marcando el ritmo de los cambios. Atrás está quedando la crisis, son los estragos provocados por ésta las que están abonando el campo para las malas prácticas que presenciamos en la actualidad. No seamos ingenuos y tratemos de volver a un pasado de estructuras e instituciones ineficientes que no son la solución. Miremos al futuro, ajustemos nuestras expectativas a la realidad y trabajemos para batirlas una y otra vez, para demostrar que pecamos de conservadores y que si nos lo proponemos somos capaces de lo que queramos.

 

El futuro de la sociedad de consumo (III)

Si no te gusta el cambio, te gustará mucho menos la irrelevancia”. Eric Shinseki.

Hace cinco años, poco después de inaugurar este blog, escribía una sencilla reflexión con el estilo de un blogger novato que llevaba por nombre: ‘El futuro de la sociedad de consumo’. Mucho he leído y he aprendido desde entonces, y muchas de las cuestiones que me hacía en aquel momento de incertidumbre, donde la crisis parecía que se iba a llevar todo por delante, hoy parecen cuestiones obvias. Esta semana, sin ir más lejos, leía este artículo: La tormenta perfecta que sufrirá el empleo en cinco años, según los sabios de Davos. Curiosamente dentro de otros cinco años. No me considero sabio ni experto, y mucho menos entonces, pero es cierto que muchas de las preocupaciones que plasmaba en aquella sencilla reflexión se han confirmado. El mes que viene UBER pondrá en circulación 100 coches que conducen solos, y esta misma semana una Spin-off del MIT se le ha adelantado. Los artículos periodísticos que advierten de que hay muchas profesiones que llevan camino de desaparecer, gracias a la disrupción tecnológica, se leen cada vez más a menudo. Nuevas corrientes como la de la economía colaborativa se van abriendo paso como alternativas al capitalismo.

En cinco años, pese a la profunda crisis económica que vive todo el planeta, hemos asistido a multitud de revoluciones que están afectando a nuestro día a día de una manera totalmente desconocida hasta el momento. Parece como si existiera una necesidad imperiosa de seguir hacia adelante pero no parece muy claro que sepamos donde estamos ni hacia a dónde vamos. Y es que los problemas que es susceptible de generar una sociedad multicultural, integrada en un planeta que está poblado por más de 7.000 millones de personas, son multitud y todos ellos pueden ser solucionados de multitud de maneras diferentes, alimentándose la oferta de soluciones y con ello la posibilidad de acertar o de equivocarnos.

Pese a ello, la sociedad de consumo sigue amenazada de la misma manera que lo estaba hace cinco años. El 30 de octubre de 2011 se alcanzó la cifra de 7.000 millones de habitantes en nuestro planeta. Hoy somos 445 millones más de personas y las estimaciones de 9.000 millones para 2045 van camino de confirmarse. Estamos hablando de una fuerza laboral que no deja de crecer en un mundo, donde las condiciones necesarias para desarrollar las capacidades que demanda  el mercado de trabajo cambian de una manera notable cada cinco años o menos. Sin esas capacidades las personas no serán integradas en un mercado laboral que ya no tendrá cabida para muchos de los empleos que conocemos actualmente. las personas que no estén integradas en el mercado laboral serán personas que dependerán de las coberturas sociales, que a su vez dependerán de la distribución que se haga de la riqueza de otros. Asimismo, la falta de recursos limitará la capacidad individual de elegir entre las distintas soluciones existentes a los problemas personales que nos plantea la vida y con ello disminuirá su libertad. La mayor amenaza que acecha al capitalismo tal y como lo conocemos estriba en el hecho de que la revolución tecnológica puede dejar sin fuente de recursos económicos, a un gran número de personas.

No estoy añadiendo mucho a lo que dije en este blog hace cinco años diciendo esto. No obstante, transcurridos estos cinco años hoy podemos decir que compartir es la nueva ventaja competitiva. Y si partimos de esa premisa nos encontramos en un escenario donde la riqueza no va a estar totalmente representada por el número de ceros que haya en tu cuenta corriente o el valor de los bienes que tengas. La riqueza también va a estar representada por el número de personas que conozcas a los que les puedas ofrecer algo en lo que estén interesados y ellos te puedan ofrecer lo mismo a ti, de manera que adquirir no te suponga un coste mayor que el de producir lo que otros requieren. Es el famoso fenómeno de la economía colaborativa, cuyos efectos comenzarán a apreciarse en un mundo totalmente conectado a la red. Tal vez en 2020. Una economía colaborativa cuyos efectos han sufrido en primera persona los enciclopedistas que han visto como Wikipedia ha acabado con su profesión. Blablacar, Couchsurfing o Homeaway son modelos de economía colaborativa que están revolucionando sus respectivos sectores y cuyo máximo potencial se alcanzará cuando todos estemos conectados a la red y hagamos un uso inteligente de los recursos que están conectados a la misma.

¿Será suficiente la utilización inteligente de las nuevas tecnologías, por parte de los individuos, para contrarrestar la creciente desaparición de puestos de trabajo? En mi opinión no lo podremos saber si no apostamos por ello, y bajo mi punto de vista es una baza que deberíamos jugar. En la actualidad la información está al alcance de todos, aprender a procesarla y convertirla en conocimiento será la clave del futuro de la educación y de nuestra sociedad. Como dice uno de los vicepresidentes de IBM ‘Un adolescente medianamente capaz conectado a la nube cuenta con muchos más recursos y más información a su disposición que cualquier ingeniero que trabajara para una gran compañía hace diez años’. Capacitar a nuestros adolescentes para que hagan un uso inteligente de la tecnología que tienen a su alcance debe ser una meta superada en los próximos cinco años si no queremos que el problema arriba descrito condicione en exceso a las generaciones venideras.

El dilema de Draghi

La ralentización económica en la Eurozona y la baja inflación de la misma determina que la presión sobre el Presidente del BCE se haya incrementado en las últimas semanas. Concretamente se demanda por parte de múltiples sectores un QE europeo.
Paiement_euros
Las llamadas políticas monetarias no convencionales, que van camino de convertirse en convencionales, como la bajada de tipos de interés, las expansiones cuantitativas (QE) y demás medidas intervencionistas que se han adoptado por los bancos centrales de EEUU (FED), Japón (BOJ) y Reino Unido (BoE) han cosechado resultados discutibles en cuanto a su efectividad. De este modo, mientras que en EEUU y Reino Unido parece percibirse cierta mejoría en los datos macroeconómicos, aunque muchos economistas entienden que en EEUU no han sido los estímulos de la FED sino los que provienen de la revolución del fracking los que verdaderamente han contribuido a la mejora de la economía estadounidense, los resultados de dichas políticas en Japón no han tenido para nada los efectos esperados y mucho menos combatir, como se esperaba, la deflación a través de estas medidas.

Por otro lado, el debate generado tras la publicación del best-seller de Thomas Piketty en torno a la creciente desigualdad que genera el capitalismo, ha determinado que el debate ya no gire sólo en torno al ansiado crecimiento. De este modo, incluso el Nobel de economía Joseph Stiglitz apunta que “cuanto más uso se hace de políticas no convencionales, incluso de carácter monetario, mayor es la posibilidad de que se produzcan consecuencias indeseadas, siendo una de ellas el incremento de la desigualdad”. Jon Frost y Ayako Saiki, dos economistas del Dutch Central Bank, por su parte, advierten en un paper que la desigualdad es un efecto que han tenido las políticas expansivas en Japón y que está siendo ignorado deliberadamente.
El BCE, por su parte, en aras de acercar la inflación al 2% (actualmente se encuentra en el 0.3%) se ha comprometido a expandir su balance hasta 3 trillones de euros y con ello impulsar la economía a través de la compra de covered bonds y otros productos de deuda privada. El mercado, por su parte, espera que Draghi inicie la compra de deuda pública tan pronto como se acredite que la estrategia actual no es suficiente para alcanzar los objetivos fijados.

El incremento de la desigualdad es un caldo de cultivo idóneo para el auge de los partidos extremistas y movimientos populistas en Europa. Por lo tanto, la búsqueda del crecimiento mediante el empleo de estas políticas expansivas puede tener un efecto colateral no deseado. No obstante, entrar en deflación puede producir un efecto similar como consecuencia de la bajada de salarios que ello implica, algo que en la coyuntura actual sería mucho más grave si tenemos en cuenta el nivel de endeudamiento público y privado de la Eurozona.
Se puede hablar de que la cuestión estriba en determinar si nos encontramos en un periodo de “deflación buena” (good deflation), algo que nunca se ha producido en la historia tras el abandono del patrón oro, o si por el contrario estamos en un periodo de “deflación mala” (bad deflation) que nos situaría en un escenario similar al que supone el incremento de la desigualdad. En mi opinión ya hemos tenido intervención suficiente y los resultados de ésta han sido más que discutibles, pero ¿Son necesarios nuevos estímulos para evitar la deflación en la Eurozona? ¿Sería positivo una reducción de precios, una vez que los niveles salariales ya han bajado, que abaratase aún más el coste de producción? ¿Intervenir más o dejar de intervenir? Este es el dilema que enfrenta Mario Draghi. Y agárrense porque la FED ha puesto fin a su QE3 ¿quién da más?

La sociedad de coste marginal cero

Hoy he tenido la oportunidad de asistir a la presentación del último libro de Jeremy Rifkin: La sociedad de coste marginal cero.Jeremy_Rifkin_2009_by_Stephan_Röhl
Había oído muy poco acerca de Rifkin, fue antes del verano cuando me hicieron llegar un libro suyo, la era del acceso, que empecé a leer hace tres días. La era del acceso está escrito hace más de diez años y al leerlo hoy te das cuenta de que realmente estás leyendo a un visionario. Pero no un visionario cualquiera, sino uno de esos que fundamenta y apoya sus previsiones en la contundencia de los datos.
Hay que reconocer que la evolución de Rifkin de entonces hasta ahora es algo polémica y apuesto a que muchas cosas de las que ha dicho hoy no las hubiera dicho entonces. El caso es que lo que yo he escuchado hoy me ha dado mucho que pensar. Voy a tratar de compartir algunos de esos pensamientos con vosotros.

En primer lugar Rifkin ha aludido a aquello que él enseña en Pensilvania en la Universidad de Wharton a los futuros directivos: Hay que encontrar y emplear la última tecnología, de modo que ésta te permita reducir el coste marginal que supone la producción de unidades adicionales y de esta manera incrementar los beneficios. Este fundamento básico de la economía capitalista, dice Rifkin, está en proceso de desaparición. ¿Por qué? Rifkin distingue tres cuestiones que son determinantes para que se produzca la tercera gran revolución en el mundo de la economía:

– La primera es la energía: Rifkin ha hecho un potente alegato a favor de las energías renovables denostando los combustibles fósiles y dejando caer que el fracking es una burbuja. Ha puesto como ejemplo lo que ocurre en las cooperativas de energía en Alemania, defendiendo que gracias a éstas los costes de la energía se pueden reducir a cero y que además la interconexión que se produce entre estas cooperativas facilita la intercomunicación vía web, a través de las redes que se crean. La visión sería la de pequeños cientos miles de generadores (cada una de las casas pertenecientes a las cooperativas) de energía eólica y solar produciendo energía y destinando la sobrante a la red para aprovisionar el resto de las instalaciones. Defendiendo que ello es factible en base a que, al igual que ocurrió con los PC’s, las células fotovoltaicas y los molinos eólicos están disminuyendo su coste de manera exponencial.
– La segunda es la comunicación: Igual que hace algunos años la industria discográfica sufrió el embate de las descargas de música gracias a que millones de jóvenes la compartían en la red, Rifkin sostiene que eso mismo está ocurriendo con los medios de comunicación o con la televisión, gracias a que millones de jóvenes comparten lo que ven, lo que saben o sus opiniones en un blog como el que estáis leyendo ahora, y gracias a que otros tantos, sin copyright ni nada parecido, suben sus videos a Youtube.
– La tercera y última cuestión es el transporte: Uber es el primer caso, Blablacar para muchos de nosotros es más conocido. Para hacernos una idea, por cada coche que se comparte se dejan de producir quince. Hay dos billones de coches, incluidos camiones y autobuses en nuestro planeta, Rifkin defiende que dentro de unos treinta años nadie conducirá. Las carreteras inteligentes y los coches eléctricos conformaran el panorama automovilístico.

Todo ello, es decir lo referente a las tres cuestiones apuntadas, cuando el 100% de la raza humana esté conectada a la red, actualmente se encuentra conectada un 40%. Además gracias a más de 100 trillones de sensores (a día de hoy hay 14 billones) que nos conectaran tanto a la naturaleza como a cualquier “cosa” que tenga internet. El internet de las cosas es otro elemento clave para que se produzca la revolución de la que habla Rifkin. Estos sensores permitirán no sólo saber dónde se necesita regar o reparar alguna cosa, sino que además permitirán recopilar multitud de datos (el famoso Big Data) que a su vez permitirá calcular los algoritmos más idóneos para reducir al máximo costes, tanto de energía como de producción, resultando, si tenemos en cuenta todo lo dicho, que el coste marginal de la producción será cero.
Teniendo presente que dejaremos de ser consumidores y pasaremos a ser “prosumidores” gracias a las nuevas tecnologías y a las impresoras 3d. El conocimiento estará en todas partes porque todo estará conectado de manera transparente e inmediata. En este punto Rifkin ha aludido a que sería deseable que ello fuera con respeto a la privacidad y sujeto a ciertos parámetros legales. Algo que resulta ciertamente complicado de verificar, pero que no debería impedir que siguiéramos avanzando en la dirección que apunta Rifkin.
Ha concluido Rifkin señalando que en lugar de las estructuras verticales de los grupos empresariales nacidos de la revolución industrial la estructuras serán horizontales, de manera que se producirá el fenómeno de la “sharing economy” dando paso a lo que él ha llamado la democratización de la economía, naciendo por primera vez, desde que aparecieron, una alternativa real al capitalismo y al socialismo.

He querido compartir todo esto con vosotros pero creo que no he dejado espacio para mis pensamientos al respecto. Es probable que los comparta pronto con vosotros porque de lo que ha dicho Rifkin hay mucho en lo que pensar. Y es verdad que uno puede llegar a la conclusión de que algo así es una mera utopía o materialmente imposible si no entran en juego factores que impulsen esta revolución.
Antes de concluir señalar que este tipo de iniciativas se están dando en la práctica, tanto en Alemania y Dinamarca como en China, donde un viceministro leyó su libro por casualidad y decidió impulsar estas medidas después de comprar 5.000 ejemplares de su anterior libro y repartirlo entre todos sus funcionarios. Mariano Rajoy también tiene noticias de las propuestas de Rifkin ¿sus pensamientos al respecto? Que todo esto es magia y teatro. Suena un poco a eso, no nos engañemos, pero ¿qué hubiera pensado un campesino de la edad media si le hubiéramos hablado de un tractor o de una segadora industrial?