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En manos de trileros

En esas manos están los catalanes. La intervención de Carlos Puigdemont ha sido todo un despropósito del que sólo se recordará que suspende la declaración unilateral de independencia. Ese es el titular que veremos mañana en la mayoría de los medios de comunicación. “Se dilata el proceso” “Puigdemont busca la salida negociada” “DUI diferida” y se hablará de teorías, de Eslovenia y del sexo de los ángeles. Todos engañados por un timador profesional.

Lo que ha acontecido el día 10 de octubre en el Parlamento de Cataluña es la consumación de un golpe de estado que acto seguido se ha suspendido por el propio consumador del golpe. Y media España haciendo coñas acerca de la cobardía de Puigdemont. Desde luego parece que lo tenemos merecido.

¿En base a qué suspende Puigdemont la independencia? ¡En base a que ha sido declarada previamente! Aunque sólo lo haya sido durante 12 segundos. En el momento en que el gobierno de España se siente en la mesa de negociación estará reconociendo de facto que se ha consumado un golpe de Estado en su territorio. Pero es que cualquier debiera haber hecho lo mismo en el pellejo de Puigdemont.

Explicaba en mi último post que sólo cabían dos alternativas: O bien la aplicación del art. 155 de la Constitución -algo que como sabemos no ha ocurrido- o una DUI. La razón de ello se encuentra en que se sabía el resultado del desenlace, pasara lo que pasara, si no se aplicaba el art. 155, ese desenlace no era otro que la negociación. Aplicando teoría de juegos Puigdemont sabía que le salía mejor negociar como independiente, que es lo que ocurrirá ahora si se produce dicha negociación, que negociar como Comunidad Autónoma. Era una jugada de libro. Y la inacción del gobierno de España ha permitido que le haya salido al dedillo.

“Si, pero los de la CUP están enfadados” dirán algunos. ¡Es todo teatro! La realidad es que el Puigdemont ha dicho una ristra de medias verdades que han sido escuchadas por todos los interlocutores internacionales y, una vez más, ha dejado contra las cuerdas a un gobierno que si actúa tendrá que hacer malabares para dar apariencia de que lo hace con arreglo a lo que procede. Y todo porque nunca ha tenido el valor de tomar la iniciativa en esta cuestión.

Puigdemont ha declarado la independencia de Cataluña. Y la ha declarado en base a un referéndum ilegal, argumentando que España no le ha dejado otra salida. Presentando como víctima a todos los impulsores del proceso y denunciando que España no ha permitido que Cataluña no permita el autogobierno de la región. Si España negocia después de todo lo dicho estará reconociendo tácitamente que todo eso es cierto. ¿Ustedes que creen que ocurrirá?

España rota

Escribo estas palabras con una profunda tristeza. Lo vivido en el día de hoy me lleva a concluir que el Estado de Derecho en España ha fracasado. La respuesta del gobierno y de los partidos de la oposición al desafío de los independentistas ha sido el diálogo. Sé que muchos piensan que el diálogo puede solucionar la situación actual. Sin embargo, eso es falso. No se debe, ni se puede, dialogar con quien sistemáticamente incumple la ley. La historia está granada de casos donde el desafío al Estado de Derecho acaba en injusticia. La Alemania Nazi es el ejemplo más significado de todos. Por otro lado, el diálogo que se ha mantenido entre los nacionalistas y el Estado español iniciado en 1978 nos ha traído al día de hoy. ¿Por qué? Porque no ha sido un diálogo leal y honesto, ha sido un diálogo interesado y perverso donde unos pretendían obtener los escaños suficientes para poder gobernar y otros cocinaban a fuego lento la salida de España.

Pero eso es historia. Lo ocurrido hoy deja tan sólo dos vías abiertas. Ninguna de ellas es el diálogo porque los independentistas se saben fuertes y están muy cerca de lograr su objetivo. España se ha roto y pronto esa fractura se consumará con la declaración unilateral de independencia que proclamará Puigdemont, Junqueras o los dos a la vez. Si no se hace nada esa circunstancia se producirá la semana próxima durante la huelga general que se ha convocado por parte de los sindicatos catalanes en connivencia con el gobierno de Cataluña. Las dos vías que esta situación plantea, por lo tanto, son:

  • Aplicación del art. 155 y declaración del Estado del estado de Alarma o de Excepción declarado en Consejo de Ministros.
  • Cataluña consuma la declaración de independencia.

Después de lo ocurrido hoy no cabe otra alternativa. La cuestión es que en la batalla de la imagen y la comunicación los independentistas han vapuleado al gobierno y por ende al Estado de Derecho. Me dicen desde Chile que si en España estamos haciendo un apartheid a los catalanes. Ni más ni menos. Lo cual hace que la primera opción sea harto complicada de acometer. Además, no se debe olvidar el papel jugado hoy por los Mossos de Esquadra.

No tengo ni idea de que ocurrirá, pero si de aquí al martes no se producen las detenciones de, y cito a Mariano Rajoy, “los culpables responsables de las ilegalidades ocurridas hoy en Cataluña” los episodios de violencia vividos hoy en Cataluña pueden quedar en nada si el Estado hace el uso del monopolio de la fuerza que por derecho le corresponde.

España se ha roto y la esperanza de muchos en que las cosas pueden volver a la normalidad está hecha añicos.

La precariedad laboral no se combate con recetas del pasado.

Con motivo del día internacional de la juventud el diario el País publicó un artículo de Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT, donde se relataban una serie de vaguedades sobre los peligros de querer volver a ser joven. Invita a ponernos en la piel de un joven para que nos apercibamos de dicho peligro.

Lo primero que llamó mi atención es que, de acuerdo con lo que dice el texto, es indiferente el ponernos en la piel de un joven cualificado o no cualificado. ¿Cómo es esto posible? ¿No es acaso el alto porcentaje de fracaso escolar de nuestro país una de las principales razones de la precariedad laboral de nuestros jóvenes? Ignorar esto es ignorar, para empezar, una buena parte del problema que afronta el problema del desempleo juvenil en España.

Como bien dice la señora Antoñanzas “Creo que a muchos de nosotros, que estamos convencidos de nuestra capacidad para aleccionar a nuestros jóvenes, nos falta saber y vivir realmente lo que padecen.” En efecto, su artículo demuestra que no sabe ni ha vivido lo que realmente se padece, ni tampoco parece saber de la realidad actual de los jóvenes. Hablaré de mi experiencia personal. Yo tengo título, salí al mercado laboral en 2013 después de haber estado siete años preparando oposiciones, y viví todo lo que describe en su artículo: temporalidad, salarios bajos y a veces trabajos a jornada parcial. Y aprendí todo lo que no me enseñaron 12 años de estudios. No puedo estar más agradecido de haber tenido esa experiencia. Ante esa situación pude haber puesto el grito en el cielo y haber maldecido mi suerte. Pude haber optado por hacer otras oposiciones contradiciendo lo que mi voluntad de trabajar y aportar valor cuanto antes me decían. Pero opté por seguir lo que mi instinto me decía y perseverar.

Un servidor ha pasado por varios procesos de selección de grandes despachos de abogados. En unos fallé, en otros mis entonces 28 años de edad parecían demasiados a los responsables de recursos humanos de grandes firmas que me entrevistaron. La gran mayoría ignoró mis solicitudes de empleo. Me preguntaba “¿Cómo puede ser posible que nadie necesite a un exopositor que está ansioso por trabajar y aportar todo su conocimiento, que es muchísimo, y entusiasmo en un despacho de abogados?” La respuesta era muy sencilla, nunca antes había tenido un trabajo precario donde adquiriera experiencia laboral. Eso llegaría después. Nunca antes había demostrado que era capaz de trabajar como se espera que trabaje un abogado, mi perfil no era el demandado. ¿Es justo que no me contrataran? Después de haber estado al otro lado de la mesa y haber contratado a distintas personas he de decir que sí, es justo. Si en un proceso de selección hay varios candidatos para elegir siempre voy a elegir a aquel que demuestre que tiene más experiencia y se ajuste más al perfil profesional que necesite en cada momento. ¿Es justo que el trabajo ofrecido a los jóvenes sea precario? He de decir que no creo que precario sea la palabra adecuada, pero en el caso de que consensuemos que lo es, ciertamente contratar a alguien y asumir todas las responsabilidades que ello conlleva sin tener ninguna referencia directa de cómo va a desempeñarse esa persona en su puesto de trabajo es algo arriesgado. De manera que sí, nos guste o no, es justo y si queremos que sea de otra manera anímense a contratar a alguien para cualquier trabajo que desempeñen ustedes, a ver qué resultado obtienen. Por otra parte, a menudo se olvida que en realidad el salario que se paga por parte de la empleador es mayor del neto que le queda al trabajador. Una nómina de 1.200€ supone un desembolso de algo más de 1.500€ para el empleador. Algo que no se paga durante los contratos de formación y que cuesta mucho pagar si no se está convencido del todo con el rendimiento del trabajador. Otra cosa es el abuso que se realice de esos contratos, en cuyo caso coincido plenamente en la condena a la precarización del empleo. 

Volviendo al texto de la vicesecretaria de UGT, la segunda cosa que llamó mi atención es que considere como algo injusto que exista una brecha salarial entre jóvenes que acaban de llegar al mercado laboral y seniors que llevan 10 o 15 años en el mismo. Si los jóvenes de nuestro país están perplejos porque nuestro sistema remunera mejor al que lleva más tiempo dentro del sistema invito a todos ellos a que busquen suerte en otros países a ver si les pagan lo mismo que a un empleado que lleve 4 años trabajando en la empresa (no la encontrarán) o que hagan como ya hacen numerosos de ellos, que emprendan y arriesguen. Esta segunda opción es mucho más complicada y lo más probable es que fracasen, pero al menos podrán presumir de que lo hicieron y eso es algo que, a día de hoy, con la masificación de títulos y master universitarios a la que asistimos distingue e interesa a los departamentos de RRHH que tienen algo de idea sobre el mundo laboral del futuro. Es grave la cuestión de la falta de reconocimiento de la categoría profesional, desde luego, pero la razón de que se nos contrate para puestos para los que estamos sobrecualificados no se encuentra en el mercado laboral, se encuentra, precisamente, en el exceso de titulados en determinadas carreras que tenemos en España. No podemos hacer responsable a las empresas de que no tengan ofertas de trabajo para todos, por ejemplo, los abogados que se gradúan al año en España porque no son ellas las que animan a los jóvenes a estudiar abogacía. ¿Por qué no ayudamos a nuestros jóvenes a que reflexionen mejor sobre su carrera profesional en lugar de quejarnos de que los abogados acaban trabajando como camareros?

Coincido totalmente con Cristina Antoñanzas en que ser joven no tiene porque conllevar una condena a la precariedad, la temporalidad, el subempleo o la falta de reconocimiento profesional. Es deseable establecer mecanismos para reducir todo ello, pero, como bien menciona al inicio de su texto, hay una cuestión clave que es la de la actitud. Sin que se demuestre actitud proactiva por parte de los jóvenes no hay mucho que hacer. Tal vez los jóvenes estemos demasiado acostumbrados a que otros vengan a hacer por nosotros lo que deberíamos hacer nosotros mismos. Es en este punto donde tal vez debamos hacer una reflexión sobre lo que se nos exige a los jóvenes en el sistema educativo y lo que se nos exige en el ámbito laboral. He hablado en otros artículos de este blog de la mediocridad y de la sobreprotección de la que hemos gozado, nosotros los llamados millenials. Posiblemente plantearnos como abordar esta cuestión sea uno de los grandes caballos de batalla de nuestro tiempo.

Continuando con el texto, que como ven da para mucho, quiero hacer un breve inciso sobre el tema de las pensiones, hoy en día somos muchos los jóvenes que pensamos que nunca nos jubilaremos. La pirámide poblacional de España, y en general del Europa, nos aboca a un escenario donde el actual sistema de pensiones será insostenible, de manera que si desde UGT u otras instituciones quieren velar por nuestras pensiones les aconsejo que se pongan a trabajar en ver como incrementamos la natalidad de nuestro país porque de lo contrario me temo que, o bien yo y todos los de mi generación no nos jubilaremos nunca, o bien sus nietos tendrán que pagar tales sumas a la seguridad social que no podrán alimentar a sus familias.

Concluye el artículo de Cristina Antoñanzas con ese regusto sobreprotector que está tan de moda haciendo una pregunta que demuestra una ignorancia completa del cambio de realidad que ha sufrido el mundo entero tras la gran depresión que comenzó en 2007. Mientras sigamos aspirando a un mundo de cifras hinchadas por la burbuja seguiremos poniendo expectativas inalcanzables y seguiremos cayendo una y otra vez en la frustración y en reivindicaciones estériles. Asimismo, ignora que, cada vez más, los jóvenes reivindican mayor autonomía y flexibilidad en sus empleos, algo para lo que las grandes empresas y, aún menos nuestra legislación, todavía no están preparadas. El “concepto original del contrato” al que se refiere -donde los jóvenes aprendan de los trabajadores mayores y/o tender un puente de formación hacia el empleo con perspectivas de futuro, de estabilidad y de calidad- ignora que los mayores son incapaces de enseñar a los jóvenes qué es blockchain, como programar una aplicación móvil o como hacer una campaña viral con snapchat. Indiscutiblemente se puede aplicar ese “concepto original del contrato de trabajo” pero en casos concretos y que van desapareciendo poco a poco.  

Desde luego que hay cosas que cambiar. Querer combatir la incertidumbre a la que nos enfrentamos los millenials con una hoja de papel y pensar que con eso es suficiente es ignorar que las recetas viejas no aplican a un mundo donde es la revolución tecnológica la que está marcando el ritmo de los cambios. Atrás está quedando la crisis, son los estragos provocados por ésta las que están abonando el campo para las malas prácticas que presenciamos en la actualidad. No seamos ingenuos y tratemos de volver a un pasado de estructuras e instituciones ineficientes que no son la solución. Miremos al futuro, ajustemos nuestras expectativas a la realidad y trabajemos para batirlas una y otra vez, para demostrar que pecamos de conservadores y que si nos lo proponemos somos capaces de lo que queramos.

 

Recapitulando

Hace tres años llegué a Madrid gracias a una persona a la que siempre estaré agradecida y a la que, desde aquí, vuelvo a agradecer que depositara su confianza en mí y me diera la oportunidad de cambiar mi vida por completo. Si alguien os da esa oportunidad alguna vez y no estáis convencidos de lo que hacéis, no lo dudéis, decid que sí.

Pero no basta con decir que sí. Las personas, sobre todo en hoy en día donde tendemos a idealizar todo, pensamos que por el hecho de que se nos haya ofrecido una oportunidad y aceptarla ya está todo hecho. Pensamos que una vez que la pelota comience a rodar lo seguirá haciendo de forma continuada, que no parará nunca. Algunos piensan que la pelota comienza a rodar cuando terminan la carrera, otros cuando consiguen el primer empleo, otros cuando alcanzamos un sueño que parecía inalcanzable y que, sin esperarlo, ocurre. Da igual. Ninguno de esos momentos garantiza nada. Nadie, y repito, nadie, garantiza nada.

No se pueden bajar los brazos. Los comienzos pueden ser duros, pero si algo deja de ser difícil he de deciros que, en mi experiencia, es porque realmente estamos poniendo todo nuestro esfuerzo para acometerlo. Nada es fácil. Lo realmente difícil es seguir esforzándose siempre con la misma intensidad y hacer fácil lo difícil. Ahora bien, el esfuerzo es algo muy personal. Generalmente está alineado con las expectativas que uno se marca en su vida y, si éstas no son ambiciosas, es fácil caer en la rutina y el hastío. En la actualidad no deja de ser habitual escuchar quejas acerca del trabajo que se tiene o las labores que se desempeñan en el mismo. En este punto hay que tener presente una cosa, es necesario ajustar las expectativas a la realidad . Y esto probablemente sea lo más difícil de todo: conocer verdaderamente esa realidad que nos rodea. Nadie nos prepara para ello y las personas, por defecto, tendemos a ver únicamente lo que queremos y a ignorar aquello que nos incomoda o nos complica la existencia. Esto dificulta mucho conocer nuestro entorno y poder ajustar nuestras expectativas al mismo. Junto a ello, la tecnología se emplea, cada vez más, para distorsionar la realidad más próxima a nosotros. Ninguno publicamos en Facebook o en Linkedin que nos va mal en el trabajo o que lo hemos dejado con nuestra novia. Los mensajes que nos llegan a través de las redes suelen ser positivos y los que son negativos suelen referirse a cosas irremediables que sólo vertemos en las redes sociales porque nuestro dolor nos empuja a hacer cosas sin saber la razón de ello. Nosotros no vemos nuestros propios contenidos en las redes sociales, pero si que transmitimos una realidad distorsionada de lo que estamos viviendo y las personas que nos perciben en esas redes sociales son incapaces de ayudarnos a percibir mejor la realidad que nos rodea porque ellas también son testigos de una realidad distorsionada por los filtros que usamos a diario.

Los tres años que llevo viviendo en Madrid me han servido para aprender lo importante que es la percepción de la realidad y lo fácil que ésta puede ser manipulada, incluso de forma totalmente inconsciente. Partir de que lo que se presenta ante nuestros ojos no es lo que de verdad ocurre ayuda a ajustar las expectativas y a entender que hay veces que no importa lo mucho que uno se esfuerce, el resultado siempre será igual de fútil. Y, precisamente, el entender eso ayuda a reajustar las expectativas y a buscar otros lugares en los que centrar dichos esfuerzos. Cuando hablo de las expectativas no me estoy limitando a las profesionales. Las personales también juegan un papel muy importante para nuestra felicidad. Malos entendidos, discusiones estériles y enfados sin motivo suelen obedecer a un desajuste de las expectativas que tienen dos o más personas en una relación de amistad, en un negocio o en relación a cuestiones amorosas. Las redes sociales y una sociedad acelerada gracias a la inmediatez que ofrece la tecnología abonan el campo para que afloren todo tipo de malos entendidos y enfados que no tienen base alguna. Siempre ha sido complicado encontrar relaciones auténticas y verdaderas. Hoy en día, a pesar de que nos podemos comunicar con más frecuencia, resulta mucho más complicado en base, precisamente, a las expectativas que son capaces de generar las nuevas tecnologías. Por último, tomar  la iniciativa y llevar nuestras decisiones hasta las últimas consecuencias es algo que me ha enseñado algo que, pese a que suena a final de película épica, si no eres tú mismo el que la toma y esperas a que las cosas ocurran otros lo acaban haciendo por ti y eso condicionan tu existencia. Como en todo, en ello hay cosas buenas y cosas malas y el tomar la iniciativa suele conllevar que a alguien se moleste. No obstante, también he aprendido que, ¡incluso en sólo tres años!, el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio. Voy a seguir aprendiendo, no quiero perderme la cantidad de cosas maravillosas que nos ofrece todos los días la vida.

¡Os deseo a todos un feliz verano!