Todas las entradas por Francisco Martínez

El suicidio de Europa

“Las civilizaciones se suicidan, no son asesinadas”  Arnold J. Toynbee

Afortunadamente durante las últimas semanas en España parece estar tomando algo de presencia en los medios de comunicación y en las redes sociales la cuestión de las pensiones. Pese a que algunos llevamos advirtiendo de lo poco halagüeño que pinta el futuro para los que nacimos en los años 80 en España, al menos de la mitad de mis amigos está convencido de que no cobraremos pensión alguna. Estoy totalmente de acuerdo con ellos. El resto de ellos, desgraciadamente, no se interesa lo más mínimo por este tema.

Llevo trabajando con gente más joven que yo algo más de dos años. En este espacio de tiempo he escrito sobre los millenials y sobre la gestión de las expectativas de los mismos. Hoy escribo estas líneas porque acabo de leer la introducción de un informe elaborado por BI Intelligence sobre la Generación Z, también conocida como centenials o iGen. Más allá de lo que adelanta el informe mis pensamientos se los ha llevado la siguiente pregunta ¿Cuántos centenials tendrá Europa en 2026?

El año 2026 es el año en el cual los nacidos a partir de 2026 habrán llegado a la edad adulta. Dicho de otra manera, dentro de 8 años el mercado global tendrá como protagonista a un grupo de personas que tendrá unas características muy específicas: nativos digitales puros, con un smartphone a su alcance a partir de los 10 años de edad; banda ancha desde el primer momento en que se conectaron a internet (los centenials son los que ponen cara de no saber de qué se está hablando cuando en una cena se recuerda el sonido del módem); un mundo en el que lo digital y lo analógico no se diferencian en casi nada. En definitiva, la consecuencia lógica de la revolución digital que llevamos viviendo las dos últimas décadas.

Pero, volviendo a la pregunta que me ha llevado a escribir estas líneas, al ir a buscar cifras y datos sobre las estimaciones demográficas para la Unión Europea –a los que enseguida me referiré– he encontrado la cita que encabeza este post junto con una serie de artículos que datan, agárrense a la silla, de 2008. De hecho, está cuestión fue sometida a debate en el Parlamento Europeo y, al parecer, olvidada por el empuje de la crisis económica y, en la actualidad, por el empuje del Brexit. Entrando al fondo de la cuestión, he descubierto que se encargó un informe a la eurodiputada socialista francesa Françoise Castex. Al buscarlo en internet me he llevado una profunda decepción porque dicho informe no hace sino que recoger lo mismo que los artículos de la web que mencionan el encargo a la eurodiputada. Al parecer esta mujer y su equipo invirtieron un esfuerzo titánico para elaborar un informe de nueve folios. Por otro lado, esta búsqueda me ha llevado a una noticia del año pasado que ha despertado mi preocupación: “El INE y Eurostat, enfrentados por sus proyecciones de Población”. Les hago un resumen muy rápido, el INE le dice a Eurostat que no se pueden hacer previsiones sobre la estimación de que dentro de “x” años tendremos más hijos de los que tenemos ahora, que los modelos así no se hacen. En definitiva, parece que 9 años después Eurostat ha optado por hacer previsiones en lugar de proyecciones para poner en práctica eso que hacen los avestruces.

Pero, vayamos a los números. Los pensamientos que me han asaltado al leer el informe de BI Intelligence se han quedado plenamente justificados. Ha sido muy fácil encontrar datos relativos a España, los cuáles, como era previsible, no son nada esperanzadores. El INE recoge en un informe de 2014 que “… dentro de 15 años en España residirían 11,3 millones de personas mayores de 64 años, 2,9 millones más que en la actualidad (un 34,1%). Y esta cifra se incrementaría hasta 15,8 millones de personas (un 87,5% más) en 50 años.”

Fuente: INE

En cuanto a los datos de la Unión Europea en su conjunto, resultan mucho más difíciles de encontrar. Las previsiones de 2008 supra mencionadas preveían que el 11,4% de la población en Europa tendría 80 años de edad en el año 2050. Si hacemos una extrapolación de la población prevista para la UE en 2050 por Eurostat, 499 millones de personas, nos encontramos como resultado que la UE tendrá 51.3 millones de personas de 80 años de edad. Los octogenarios de 2050 serán los cincuentones de 2026, es decir, los famosos Z, ello unido a que el incremento de la esperanza de vida para los hombres se situará en cerca de los 82 y para las mujeres por encima de los 85 años, hace que uno se pregunte ¿Quedará alguno en Europa para entonces o se habrán ido ya? La razón de dicha pregunta se halla en el hecho de que para entonces es muy probable que la población dependiente en la UE, esto es, los menores de 16 y los mayores de 65, sea superior al 50% de la población total.

Hacer previsiones de mercado en Europa pensando en la Generación Z es algo que se presenta como ingenuo ya que todo apunta a que esta generación va a jugar un papel irrelevante en el futuro de la Unión. Eso sí, el panorama que se presenta para la UE en la próxima década es preocupante. ¿Generación Z? Los Millenials europeos pasaremos a la historia por ser la generación que sufrió en su juventud la peor crisis económica desde el crack del 29 y los que murieron trabajando porque no quedó nadie para sostener el Estado del bienestar. Nos queda el consuelo de que las políticas de atracción de talento emprendedor y científico de la UE están empezando a dar resultado en los modelos y las previsiones de los burócratas que llevan el timón de la vieja Europa. Me temo, no obstante, que nunca se pondrán en marcha. Nos estamos suicidando, y además, lo estamos haciendo lentamente.

Talento, empleo e impacto en la era digital

Cuando hablamos de desarrollo del talento debemos tener en cuenta las tendencias archiconocidas por todos: la era digital va a traer muchos cambios en el mundo del empleo. Son de sobra conocidos los informes de grandes consultoras que hablan de un gran número de empleos que van a desaparecer. Sin embargo, hay voces que ponen de manifiesto que no estamos ante algo nuevo, de hecho estamos asistiendo a un fenómeno que ha tenido lugar desde la antigüedad. James Bessen, autor del libro “Learning by doing” defiende que la tecnología ha automatizado el trabajo desde la edad antigua. Debemos darnos cuenta que el número de puestos de trabajo crecerá en la medida que haya puestos de trabajo sin cubrir, y, precisamente esto, es lo que se está comenzando a producir en nuestro mercado de trabajo. Basta con poner un ejemplo reciente, el pasado mes de octubre la Fundación COTEC (Fundación para la ciencia y la innovación) publicaba un informe sobre el Internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés). Dicho informe pone de manifiesto que la mayor parte de las empresas de nuestro país se están preparando para la revolución del IoT y que demandan perfiles que tengan competencias que permitan cubrir sus necesidades. Al famoso Data Scientist se unen el diseñador de circuitos, programadores, especialista en autocad, ingenieros de ciberseguridad o desarrolladores de GPS entre los puestos que se van a demandar próximamente.

Este informe también recoge que en España sólo podemos encontrar cuatro títulos de posgrado que abordan directamente la materia del IoT, aunque omite MIOTI, que es instituo del internet de las cosas que se encuentra en The Cube, Madrid. No se desesperen, en Europa únicamente cinco países, me temo que tras el Brexit únicamente serán cuatro, cuentan con grados especializados en IoT. Dos de ellos Reino Unido e Irlanda.

La situación actual es una oportunidad inmejorable para tomar la delantera. Nuestro país cuenta con un 38,2% de paro juvenil de acuerdo con los últimos datos oficiales y una tasa de desempleo total del 16,7%. Al mismo tiempo contamos con una creciente demanda de puestos de trabajo que las empresas son incapaces de cubrir ¿A qué esperamos para formar a una masa laboral que pueda cubrir tal demanda? ¿Cómo se hace esto? En primer lugar, hemos de ser conscientes de que en la situación actual los cambios se producen de forma rápida y no estandarizada. Ello obliga a que los trabajadores deban convertirse en aprendices constantes. Pero, en esta tesitura la escuela no puede ser una universidad oxidada que tiene que ajustarse a los rígidos criterios de una ANECA decimonónica. Tampoco podemos esperar que la situación mejore cuando los empresarios demandan títulos oficiales que acrediten que los empleados tienen la experiencia requerida. Hay que buscar una fórmula nueva, una fórmula que las empresas más jóvenes están adoptando y que están permitiendo ganar terreno a pasos agigantados frente a las grandes corporaciones. Esta fórmula no es otra que el “learning by doing” que promueve James Bessen. Convendría reformar nuestro sistema de Formación Profesional, que fue diseñado para la era industrial, y adaptarlo a la era digital. Una era digital donde lo importante es adquirir una serie de competencias y donde éstas no quedan acreditadas por un título que otorga una institución sino que quedan acreditadas cuando una persona es capaz de programar una página web que reúne los parámetros demandados y esta puede ser visitada por todo el mundo. Aprovecho para proponer que se saque de la reforma educativa el pacto por la Formación Profesional para que por lo menos avancemos algo en lo que a educación se refiere en este país. Tal vez en algo menos ideológico como es la Formación Profesional nos llevemos una grata sorpresa y los agentes sociales se pongan de acuerdo para acometer con éxito una necesidad urgente.

Pero esto va mucho más allá. La cuestión no radica sólo en adquirir capacidades digitales que nos permitan entender la nueva forma de funcionar de los dispositivos que nos rodean. Las interacciones y la forma de comunicar entre los seres humanos está cambiando. Los líderes del mañana transmitirán su carisma a través del smartphone y no de la televisión. Serán sus habilidades sociales las que trascenderán más allá de sus habilidades técnicas. El Foro Económico Mundial enumera las diez competencias que necesitarán los líderes del futuro: Capacidad de resolver problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad, gestión de personas, capacidad de coordinarse con otros, inteligencia emocional, toma de decisiones, orientación al servicio, negociación y flexibilidad cognitiva.

El rol de las denominadas soft skills va a jugar un papel determinante y eso es lo que tratamos de transmitir desde Celera. En la actualidad no damos valor a las cosas que realmente importan porque nos hemos acostumbrado a obtenerlas de forma inmediata. El cambio que se ha producido en la forma de interactuar los unos con los otros y, el dar por hecho cosas que hemos tardado años en asegurar, hacen que tengamos una percepción distorsionada de la realidad. Esa percepción distorsionada aderezada por el ansia de obtener las cosas de forma inmediata está matando los valores del esfuerzo y la paciencia de nuestros jóvenes. Lo presencio a diario en Celera, por un lado tengo a dos ingenieros aeronáuticos que están investigando propulsores de plasma y que esperan resultados en un plazo de 2 o 3 años en el mejor de los casos, por otro,  jóvenes de 23 años que a pesar de su enorme talento son incapaces de darse un año para medir los resultados de su trabajo. De su impacto, como les gusta decir a ellos.

Personalmente me he encontrado en esta situación. Como he explicado en este blog alguna vez yo también me considero un millenial y, sinceramente, también he tenido la inquietud de no estar haciendo lo que se espera de mí, de no estar logrando ese famoso impacto. Hace un año alguien me hacía la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que te gusta hacer? La respuesta era que ya lo estaba haciendo. Fue entonces cuando recordé una de mis citas favoritas. Es una cita que recuerdo con frecuencia desde que vi la película Gladiator allá por el año 2000. Si habéis visto esa película recordaréis que, al inicio de la misma, Máximo se dirige a sus tropas antes de la batalla con los germanos. En su arenga Máximo habla de la muerte -¿quién habla de la muerte o de la trascendencia en la actualidad?- y en un momento determinado Máximo pronuncia las siguientes palabras: Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad. Fue al conectar mi respuesta con la cita de esa película cuando me di cuenta de que el dichoso impacto que buscamos, esa idea que tenemos de mejorar nuestro mundo y nuestra sociedad no va a verse en el corto o en el medio plazo. Únicamente la suma de todos nuestros actos y las consecuencias de los mismos traerán dicho cambio. Y eso lleva tiempo, a veces lleva una eternidad, pero es ahí donde resonarán nuestros hechos, es ahí donde lo que hagamos todos y cada uno de los días que vivamos podrá verse.

Alimentando el populismo

Acabo de leer la crónica de Cayetana Álvarez de Toledo en el Mundo sobre la recepción en el Palacio Real el pasado 12 de octubre. Si no lo han hecho les animo a que lo hagan, a que lo hagan despacio, como invitaba Juan Carlos Girauta a hacerlo en su cuenta de Twitter.

De una lectura sosegada de dicha crónica la reacción compulsiva de una arcada es difícil de contener. La reacción posterior es la desazón y finalmente la resignación y la confirmación en que las cosas no van a cambiar en el corto plazo.

La reforma constitucional que parece estar planteándose para dar respuesta a la crisis que está sufriendo el Estado de Derecho es como amputar un brazo a una persona que se acaba de dar un martillazo en el dedo. El problema, no obstante, no es que se vaya a amputar el brazo. El problema es que al paciente se le ha dicho que esa es la mejor solución, es decir, al paciente se le ha mentido.

El diagnóstico es claro. Todos los españoles hemos entendido, dentro de la claridad que es capaz de generar el gobierno que tenemos, que a Puigdemont y compañía no les queda otra alternativa que ceder o se aplicará el artículo 155. Para que el apoyo al gobierno por parte de los partidos constitucionalistas sea unánime el pasado martes nos enteramos que se va a abrir un proceso de reforma constitucional en el plazo de seis meses. “¡Por fin! -pensamos algunos- Vamos a dar racionalidad a un sistema autonómico que ha descarrilado por completo y que para nada estaba en la previsión de los padres de la Constitución Española”. Craso error. Resulta que va a ser todo lo contrario. Si uno lee entre líneas de la magnífica crónica de Cayetana Álvarez de Toledo el resultado que nos espera no es acabar de raíz con el problema que ha planteado Cataluña. Al parecer esa reforma constitucional ya está esbozada y va a dejar a muchos españoles extrañados y confundidos. Será entonces el aparato mediático se pondrá en marcha y voilá, tendremos reforma constitucional.

Después nos extraña que un partido como Podemos alcance la representación que alcanza en el Congreso. Y con razón. Así no se hacen las cosas. La gente, más pronto que tarde, se da cuenta, se indigna y vota populismo. Nuestra democracia tiene casi 40 años, está madura y está preparada para ver como se aplican los mecanismos constitucionales que se recogen en la Carta Magna, eso es lo que esperamos los ciudadanos españoles que hemos visto crecer esta nación durante 40 años gracias a las garantías que ofrece el Estado de Derecho. Cambiar las reglas del juego y hacer una pirueta en la oscuridad es una maniobra cobarde que generará el rechazo de muchos, alimentará y fortalecerá el populismo y abrirá nuevos frente políticos que nos pondrán en una situación más crítica que la que vivimos actualmente. Parece que estamos empeñados en tropezar en la misma piedra una y otra vez.

En manos de trileros

En esas manos están los catalanes. La intervención de Carlos Puigdemont ha sido todo un despropósito del que sólo se recordará que suspende la declaración unilateral de independencia. Ese es el titular que veremos mañana en la mayoría de los medios de comunicación. “Se dilata el proceso” “Puigdemont busca la salida negociada” “DUI diferida” y se hablará de teorías, de Eslovenia y del sexo de los ángeles. Todos engañados por un timador profesional.

Lo que ha acontecido el día 10 de octubre en el Parlamento de Cataluña es la consumación de un golpe de estado que acto seguido se ha suspendido por el propio consumador del golpe. Y media España haciendo coñas acerca de la cobardía de Puigdemont. Desde luego parece que lo tenemos merecido.

¿En base a qué suspende Puigdemont la independencia? ¡En base a que ha sido declarada previamente! Aunque sólo lo haya sido durante 12 segundos. En el momento en que el gobierno de España se siente en la mesa de negociación estará reconociendo de facto que se ha consumado un golpe de Estado en su territorio. Pero es que cualquier debiera haber hecho lo mismo en el pellejo de Puigdemont.

Explicaba en mi último post que sólo cabían dos alternativas: O bien la aplicación del art. 155 de la Constitución -algo que como sabemos no ha ocurrido- o una DUI. La razón de ello se encuentra en que se sabía el resultado del desenlace, pasara lo que pasara, si no se aplicaba el art. 155, ese desenlace no era otro que la negociación. Aplicando teoría de juegos Puigdemont sabía que le salía mejor negociar como independiente, que es lo que ocurrirá ahora si se produce dicha negociación, que negociar como Comunidad Autónoma. Era una jugada de libro. Y la inacción del gobierno de España ha permitido que le haya salido al dedillo.

“Si, pero los de la CUP están enfadados” dirán algunos. ¡Es todo teatro! La realidad es que el Puigdemont ha dicho una ristra de medias verdades que han sido escuchadas por todos los interlocutores internacionales y, una vez más, ha dejado contra las cuerdas a un gobierno que si actúa tendrá que hacer malabares para dar apariencia de que lo hace con arreglo a lo que procede. Y todo porque nunca ha tenido el valor de tomar la iniciativa en esta cuestión.

Puigdemont ha declarado la independencia de Cataluña. Y la ha declarado en base a un referéndum ilegal, argumentando que España no le ha dejado otra salida. Presentando como víctima a todos los impulsores del proceso y denunciando que España no ha permitido que Cataluña no permita el autogobierno de la región. Si España negocia después de todo lo dicho estará reconociendo tácitamente que todo eso es cierto. ¿Ustedes que creen que ocurrirá?