Tragedias y redes sociales.

Los accidentes y las tragedias están presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad. Todos son dramáticos. Ocurre que, cuando los accidentes van acompañados de determinados elementos, los tintes de los mismos pueden volverse más dramáticos de lo que en sí mismos son. Pero, a día de hoy, hay un elemento que dramatiza todo lo que acontece en nuestro mundo y que es imparable.
La evolución de la sociedad de la información y la presencia de las redes sociales en nuestras vidas marcan profundamente el significado de tragedias que, años atrás, tenían mayor o menor repercusión en función de la gravedad de las mismas. Claro que, no todos lo vivimos igual, de momento. En este punto hay que tener presente que aún hay muchas personas que no participan activamente en la red. Aunque también es verdad que los propios medios de comunicación generalistas se ocupan de colmar esas lagunas trasladando a la opinión pública lo que se vierte en las redes sociales.
Este nuevo elemento que acompaña a las tragedias que acontecen en nuestro tiempo tiene, a mi juicio, un efecto perturbador y poco estudiado. Advertía esta mañana, cuando leía los cientos de tuits de las personas a las que sigo en twitter, innumerables muestras de dolor, de apoyo, de cooperación, de indignación, de asco, de incomprensión… Una mezcolanza de sentimientos y de sensibilidades que difícilmente hubiera podido percibir cinco años atrás; eso sí, siempre y cuando ningún conocido mío hubiera estado dentro de ese tren. En ese caso, la tragedia me hubiera afectado de un modo directo. Afortunadamente no ha sido así. Sin embargo, considero que el impacto que la tragedia de Santiago está teniendo en mi persona, en estos momentos, es mayor que el que hubiera sido hace cinco o diez años. He estado reflexionando sobre ello.

Las redes sociales nos acercan de tal manera a las personas y a los acontecimientos que hacemos propio algo que nos es prácticamente ajeno. Es verdad que a todo el mundo, en su sano juicio, le entristecen acontecimientos como el ocurrido ayer. Al haber ocurrido en nuestro país la tristeza es mayor, y aún es mayor para los vecinos de lugar donde tuvieron lugar los hechos. Para los familiares y amigos de las víctimas no me imagino lo que puede llegar a ser. Toda esta tristeza y dolor antes quedaba contenida. Y, si eran compartidos, su alcance era muy corto. Quedaban en un círculo próximo a aquél que compartía abiertamente su dolor. Los tiempos han cambiado y ahora una persona que está a más de mil kilómetros de distancia del lugar del accidente, sin tener relación alguna con nadie cercano a las personas que iban a bordo del tren, o a las propias víctimas, puede llegar a quedar igual de estremecido. Pero ¿realmente puede? No lo sé. Las reacciones, como he dicho antes, son de lo más variopintas, y sé que hay personas que tienen una sensibilidad extremadamente alta, por eso no me gusta poner en tela de juicio manifestaciones de dolor. Por lo que se refiere a mí, prefiero guardarme mis pensamientos o compartirlos privadamente con las personas con las que creo que debo de hacerlo.

Si ante acontecimientos así, los que participamos activamente en las redes, nos limitáramos a expresar nuestras sinceras condolencias probablemente no estaría escribiendo estas líneas. Pero, en los últimos tiempos, viene siendo frecuente que una tragedia venga acompañada de un enfrentamiento inmediato. Mi sorpresa no deja de ir en aumento a medida que van pasando las horas y se reproducen más y más enfrentamientos entre personas, que no se conocen, con motivo de un hecho tan estremecedor. No han pasado ni veinticuatro horas desde que el tren descarriló y al tiempo que escribo estas líneas algunos ya se han dedicado a instrumentalizar lo acontecido.
Yo no digo que no tengan razón. Es más, hasta dentro de una horas no podré saber con certeza si la tienen. Pero pienso que debemos hacer una reflexión todos y cada uno de nosotros sobre esto. Los cafres y los desalmados han existido siempre. Pero la reacción de antaño no era airear el comportamiento del cafre con el objeto de hacerle diana de críticas justificadas. La reacción era hacer un completo vacío a ese animal para que se diera cuenta de que con eso no tragaba nadie. Tiempo habrá para buscar los errores, los culpables, las causas y demás que ha provocado esta fatalidad. Tiempo habrá para reprochar la insensibilidad de aquellos que buscan sólo ellos saben qué.
No damos tiempo al tiempo, la deriva de el “Lo quiero aquí y ahora” se ha trasladado a todos los ámbitos de nuestra sociedad. La inmediatez con la que queremos que pasen las cosas nos ha desnudado de nuestro tacto y consideración a las personas que más lo necesitan en estos momentos. Y, desde luego, lo que no necesitan es saber de la reacción absurda y desalmada que están teniendo algunos miembros de nuestra sociedad. De este modo, considero que en lugar de azuzarla y espolearla deberíamos hacer oídos sordos y tomar nota para cuando el tiempo haya empezado a curar las heridas.
Por otro lado, quiero pensar que los que protagonizan estos episodios son unos pocos y que las personas realmente necesitadas están aisladas, por el momento, de todo este barullo que se ha montado alrededor de la tragedia. Insisto, no han pasado ni veinticuatro horas y ya hay gente hablando de recortes, de puntualidad, de la falta de escrúpulos de los medios de comunicación, de ética, de moral… ¿Tiene sentido hablar de esto en este preciso instante? A mi juicio, sí que lo tiene, al menos para aquellos que consideren que lo ocurrido es más ajeno que propio. Pero ¿Deben contenerse, un tiempo al menos, las personas ajenas al dolor de las personas afectadas directamente por la tragedia? Pues no lo sé. Considero que, en principio, no. Pero al mismo tiempo considero que es una falta de respeto y de educación hablar en los términos que se está hablando. El problema que tienen las redes sociales es que lo que uno escribe puede llegar a tener una repercusión brutal. No es lo mismo decir una barbaridad o hablar de temas escabrosos entre amigos tomando una caña en un bar que escribirla en una red social. Y menos si eres un personaje público que tiene miles de seguidores.

Personalmente me repugna leer ciertas cosas que se están escribiendo. Me repugna más la gente que dice sentirlo mucho y luego vierte opiniones o comentarios que demuestran que no sienten una mierda. Pero tengo claro que no voy a entrar al trapo, no creo que sea momento, ni que merezca la pena hacerlo. Soy consciente de que puede que con estas palabras lo esté haciendo. Sinceramente, no creo que sea así. Me limito a manifestar que los buenos modales y la educación que me enseñaron de niño no los veo por ningún lado. Puede que todo esto tenga que ver con la banalización de la muerte y que a menudo olvidamos que todos vamos a morir algún día. No lo sé. Pero todos sabemos lo que queremos cuando nos toca sufrir la muerte de un ser querido ¿Tan difícil es apretar los dedos y escribir lo que tengamos que escribir dentro de un par de días? ¿O es que entonces ya nos importará un pito y hará falta que se cumpla un año de la tragedia para que volvamos a golpearnos en el pecho y a acordarnos de aquellos a los que hemos olvidado durante un año?

4 pensamientos en “Tragedias y redes sociales.”

  1. Señor Lord:

    No tengo claro si las redes sociales nos vuelven más sensibles. Lo que sí creo es que nos vuelven más gritones. No creo que haya más gente dispuesta a echar una mano, o mostrarse indiferente o buscar culpables. Son los mismos pero amplificados.

    Como periodista -y como miembro de un oficio hermoso que en España se hace mal y desde la trinchera-, también considero que el periodismo nos ha vuelto más sensibles -o con más empatía, que es el palabro de moda-. Eso tiene sus vertientes. Por un lado, ves a miles de gente insultar a un policía porque ha matado a un perro, pero, a cambio, la gente se preocupa más por su vecino.

    En cuanto al anhelo de ahorcar culpables, es normal en nosotros. Tenemos prisa y queremos que todo se haga ya y ahora. Queremos el porqué y al periodismo no le debería importar el porqué. Como si el qué fuera poco.

    En España el dolor es de trinchera, como el periodismo, como el fútbol y como tantos.

    Un saludo.

  2. No me considero sociopata, pero no formo parte de ninguna red social. Quizás sea demasiado celosa de lo q es sólamente mío. Por desgracia se lo q es perder a las personas q mas he querido. Tambien soy conocedora de las miserias humanas. La necesidad imperiosa de buscar siempre un culpable para todo …..
    Pero cada día recuerdo a D.Abundio, profesor de filosfía cuando estudiaba COU, q con su voz queda nos enseñaba:” señores, la casualidad no existe; sólo existe la causalidad”.
    El catastrófico accidente ha sido causa suficiente para q un montón de personas abandonen esta vida. A partir de ahí, son muy lícitas las críticas a los motivos/causas del accidente. Muy lícitas las opiniones de millones de personas q siguen las redes sociales. Y, porque no decirlo, muy lícito tambien el trabajo de los profesionales de la información.
    Pero si lo que de verdad nos preocupa es el dolor de aquellos que han perdido a sus seres queridos, creo que podemos estar muy tranquilos: bastante tienen con llorar la ausencia inesperada de padres, hijos, conyuges, parejas, amigos……… De verdad se ( y creo que no me equivoco) que su pena ahora mismo llena todos los segundos de su existencia. Más adelante, quizás, tengan tiempo para otro tipo de reflexiones.

  3. Has expresado de manera muy correcta los sentimientos que tenía al respecto. De todos modos creo que el problema no son los insensibles que traten de instrumentalizar tragedias, que no guarden luto o que no apliquen un mínimo de prudencia a lo que dicen, es más, creo que se empieza a producir un terror a estar en el punto de mira de las críticas de cualquier red social, tanto a nivel personal como colectivo. Lo cual puede ser positivo en cierto modo, seguro que los conductores de treenes ahora irán con más cuidado o que los controladores de los horarios ya serán más flexibles, pero el riesgo es enorme, si esto solo sirve para trivialidad sin ser objetivos y cada cual usar cualquier circunstancia para su provecho (de manera responsable o sin el mínimo rigor) no servirá de nada y todos nos volveremos ciegos de lo que queramos ver y muchas veces se necesita poder abrir los ojos y apreciar con una nueva perspectiva que estábamos equivocados, y eso se esta perdiendo por completo.

    Por otro lado lo que si me preocupa es lo maleable que se esta volviendo la gente a seguir corrientes sociales, todo esta más globalizado, el que nos volvamos más sensibles a estas tragedias nos hace humanos y vulnerables, lo primero es bueno, lo segundo no tanto. Según testimonios de la Alemania nazi, la gente que incluso veía el peligro de la misma cuando se estandarizó por todo el país, admitía que se sentían excluidos y que les gustaría la idea de estar en esa corriente que parecía unir a todos como uno sólo, había un fervor social y todos parecían querer lo mismo, estaban movidos por euforia, esperanza, rabia incluso odio. En resumen no hay que dejarse llevar por las corrientes, tener perspectiva, mente abierta pero formada y critica, y siempre ser respetuoso con otras ideas contrarias pero dentro de lo racional, si hay algo que consideras no justificable no tengas miedo a decirlo.

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