Nuestros cojones.

Estoy realmente alarmado. El número de personas que comparan a Merkel con Hitler crece en un número considerable. He llegado a leer que Merkel está matando a españoles y a griegos. Lo realmente preocupante es que esto, cuya génesis se encuentra en los dirigentes del país y es repetido mecánicamente por los medios de comunicación, la gente se lo está creyendo a rajatabla.
Todo empezó con el famoso “los mercados nos atacan” “Los mercados asfixian la economía española” y cosas por el estilo. Ahora, después de que nos hayan rescatado, o nos hayan hecho un préstamo de 100 mil millones de euros (como dice Rajoy) se dice que Europa no nos ayuda, que el BCE y las instituciones europeas nos dejan caer y que la culpa de todo ello es de Frau Merkel, de los mercados, de Draghi… la culpa es de todos menos nuestra.

Tampoco deja de ser alarmante que muchos de los que dejan caer tales acusaciones se erigen como salvadores de la patria, o presumen de tener la solución a nuestros problemas (veáse tertulianos, político-tertulianos, periolistos, panfleteros y demás especímenes que pueblan los medios de comunicación y se autodenominan expertos en. Los todólogos que tan de moda están). Nos venden la moto de que si Alemania o el BCE abriera la mano nuestros problemas desaparecerían. Eso es falso, rotundamente falso. El mejor ejemplo es Grecia. ¿De qué han servido los dos rescates a Grecia? Absolutamente de nada. En Irlanda ya se está planteando un segundo rescate el año que viene, y Portugal parece ser el único país que está saliendo del agujero a costa de recortes muy duros, durísimos, de esos que alguna vez se leen en un medio de comunicación y se nos ponen los pelos de punta; medios de comunicación que obvian que esas medidas tan controvertidas están consiguiendo su objetivo y que probablemente dentro de cinco o seis años Portugal estará creciendo.

La crisis es fuente de nacionalismo y populismo, de coger atajos para llegar antes al final del camino, no importa a coste de qué o de quien. Algo que suele venir acompañado de consecuencias nefastas, y en el peor de los casos de guerras. Vivimos en un mundo, de por sí, frenético y la crisis acelera todo mucho más; queremos resultados de inmediato, no da tiempo a que las medidas adoptadas den fruto, y sólo se consigue que las siguientes medidas sean improvisadas y no meditadas, lo cual sólo consigue ahondar más el agujero.
La crisis debe ser un momento para reflexionar que se ha estado haciendo mal, que ha conducido a donde estamos y qué podemos hacer para salir de la situación en la que me encuentro, en definitiva hacer un diagnóstico. El problema de esto es que es realmente complicado y más si hacemos un diagnóstico tan cachondo como el que se ha hecho en España, donde una y otra vez se ha tratado de meter todo debajo de la alfombra y cuando hemos visto el bulto hemos tratado de aplastarlo y cuando no lo hemos conseguido hemos mirado hacia otro lado.
Mientras, a los ciudadanos un día nos dicen una cosa, al día siguiente otra y el tercer día nos dicen las dos cosas a la vez de una manera distinta. Añadámos a este cóctel que la ineptitud de nuestros dirigentes se ve agravada por la presión de los mercados, a los que, algo que a menudo olvidamos, nuestros dirigentes acuden una y otra vez reclamando financiación en buenas condiciones (si no son buenas condiciones es que nos atacan). El problema es que el mercado está saturado y cuando presta lo hace salvaguardando su propio interés, que al fin y al cabo es el interés de cada uno de nosotros (esto pocos lo creen, pero es así, ya lo he explicado alguna vez).

Como explicaba en un post anterior, el absolutismo del S. XXI tiene su génesis en nosotros mismos, y la crisis actual lo que hace es agudizar el egoísmo, encauzándolo hacia el nacionalismo, el populismo y en el buscar el atajo. Hemos pasado de buscar nuestro propio placer a tratar de mantener a toda costa el poco que nos queda. De este modo nos parece normal que un país como Alemania tenga que sacrificarse por el resto de los países. De este modo somos capaces de creernos cosas increíbles, como las milongas que nos cuentan los medios de comunicación imbuidas por los políticos, milongas como “nos atacan!!” o “Merkel es una nazi” o “Hitler utilizó la fuerza y Merkel la moneda”; hay otra muy divertida como “la solución está en volver a la peseta” (al respecto os remito a un interesante análisis que hizo Daniel Lacalle sobre las implicaciones de volver a la peseta). Y así la gente está alimentada, alienada y engañada con ideas peregrinas sobre la solución a la salida de la crisis. Ideas que no nos sacarán nunca de la crisis.

A poco que se piense nos daremos cuenta de que lo que nos dicen está manipulado por quien nos dirige. A poco que queramos rascar en la superficie nos daremos cuenta de que hay muchos españoles que viven fuera de España y contemplan con verdadero horror las barbaridades que se dicen en este país. A poco que queramos enterarnos de que va esto de la deuda soberana, de la prima de riesgo y del BCE, del LTRO, de la austeridad, del crecimiento y demás cosas que dicen que son muy técnicas y que si no hemos estudiado economía no las podremos entender, nos daremos cuenta de que, en realidad, no es tan difícil. A poco que nos esforcemos por entender la situación comprenderemos que lo que está ocurriendo es culpa de los que nos dirigen y de que nuestros dirigentes quieren lo mejor para nosotros, pero después de ellos. Nuestros dirigentes se afanan por buscar una salida a la crisis que no cercene sus privilegios, si se tienen que llevar la sanidad y la educación por delante, pues que así sea, si se tienen que llevar los derechos de los trabajadores por delante, pues que así sea, si tienen que endeudar a nuestros hijos, nietos y biznietos, pues que así sea.

Mientras la gran masa social de pábulo a lo que dicen los dirigentes, o a lo que dicen los todos los medios de comunicación (que es lo mismo que dicen nuestros dirigentes pero  con distinto color), mientras siga creyendo que los políticos piensan primero en los demás y luego en su interés, y mientras no nos preocupemos de pensar por nosotros mismos, de esforzarnos por enterarnos de lo que realmente está ocurriendo y actuar en consecuencia poco cambiarán las cosas. 

¿Qué crédito tiene un país que falsea sus cuentas? ¿Qué crédito tienen los políticos de un país que politizan las cajas y las usan a su antojo? ¿Qué crédito tienen los ciudadanos que les votan cada cuatro años como un rebaño de ovejas? ¿Qué crédito tienen unos ciudadanos que se dividen en dos bandos y se dedican a repetir como papagayos lo que dicen sus líderes? ¿Qué crédito tiene alguien que no piensa por sí mismo? ¿Qué crédito tiene el que lo hace y se queda de brazos cruzados o gimoteando porque nadie le hace caso?

Nos cabrea que Alemania no nos preste dinero, nos jode vivir en crisis, nos jode trabajar por poco dinero, nos jode todo lo que no sea obtener beneficio. Parece que hemos olvidado que en la vida no todo sale a pedir de boca. Parece que olvidamos que hay gente que está mucho peor que nosotros. Parece que olvidamos que si nosotros estamos en crisis el tercer mundo ya no existe. Yo, mi, me, conmigo, pero sólo para disfrutar, si hay que pensar demasiado o dejarse la piel, “conmigo no contéis, que lo haga otro que para eso le he votado”, y si no me gusta el resultado me quejo, que para eso soy español y tengo más cojones que nadie. Pues a ver si lo demostramos donde hay que demostrarlo, porque si bien es verdad que el que no llora no mama, como sigamos así pasaremos de cojonudos a mamones, y seguramente no habrá para todos.

2 pensamientos en “Nuestros cojones.”

  1. Con lo fácil que es pasar de la prima de marras:
    No pidas dinero y no te lo prestarán carísimo.
    Es que no tengo.
    ¿Y por qué no tienes?
    ¿Puedo aprovechar esta entrevista para saludar a mi familia?

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