¿Hace tres años o hace cuatro?

Dice Rajoy que llegamos tres años tarde para reformar la banca, parace que no le falta razón cuando fue, precisamente, hace tres años cuando todos los países inyectaron dinero público a sus bancos, mientras tanto en España teníamos el sistema financiero más sólido del mundo. ¿La culpa es de Zapatero? Probablemente sí. Pero parte de culpa también la tiene la sociedad española. Y no me estoy refiriendo al archirrepetido “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, que también, sino al hecho de que en las elecciones de 2008 los electores dieron la victoria al PSOE.

¿Por qué digo tal cosa? ¿Por qué culpo a la sociedad española de haber elegido libremente una opción política válida? Por una sencilla razón, porque nos dijeron que íbamos a donde estamos, nos dijeron aquello de “Viene el lobo” y no nos los creímos. Preferimos creer aquello aquellas confusas declaraciones de Zapatero sobre la herencia del PP (sí sí, sobre la herencia) y la falta de patriotismo de sus críticas.
Es cierto que en 2004, a la vista de las cifras que entiende todo el mundo, era fácil caer en la tentación de creer que los argumentos que daban Mariano Rajoy y el Partido Popular eran electoralistas. Sin embargo la sociedad no quiso creer en un hombre que no era del partido, Manuel Pizarro, el que hubiera sido Ministro de Economía dio una auténtica lección al que por entonces lo era, Pedro Solbes, dio en el clavo en todas y cada una de sus previsiones, y ya por entonces alertaba sobre la prima de riesgo y lo que estaba escalando. ¿Por qué entonces no le dimos o mejor dicho no le dieron importancia a la prima de riesgo y ahora nos la meten por los ojos todos los días?

Manuel Pizarro es un economista, no tenía pasado político, podríamos considerarlo un tecnócrata (uno de esos que tanto temen algunos pero que habida cuenta de los políticos que tenemos creo que serían mucho más adecuados para solucionar los males que padecemos). La mayor parte de la sociedad no atendió a lo que nos decía un hombre que sabía de lo que hablaba, prefirió que los medios de comunicación pensaran por ellos, y dio por ganador del debate a Solbes. No importaba el contenido del debate, sino quien daba la impresión de haber ganado, no importaba lo material, sino lo formal. En las formas puede que ganara Solbes, pero en lo material está más que demostrado que Pizarro dio una auténtica lección; sólo hay que mirar a nuestro alrededor, por si no lo sabían, acabamos de ser rescatados (valga esto último para confirmar que a pesar de mi esfuerzo por diferenciar entre rescate y línea de crédito la diferencia es nula o apenas apreciable).

Por tanto, yo acuso a la sociedad española de ser inmadura, de ser manipulable y de querer ignorar lo que le conviene. Yo acuso a la sociedad española de ser conformista en el 2008. De ser incapaz de predecir los cambios en un futuro cercano, de hacer oídos sordos a profesionales, que no políticos, que están ahí y nos advierten, no ya sólo en un debate televisado, sino todos los días en los medios de comunicación especializados.
No soy quién para acusar a nadie, pero lo hago de todos modos, porque yo en 2004 sí que me creí lo que decía Manuel Pizarro, yo sí que entendí lo que un hombre desconocido para la sociedad, a nivel político, pero válido pretendía hacernos ver. Puede que el haber entrado y salido de un partido político me haya ayudado a comprender que a veces en política pasan cosas inusuales, Manuel Pizarro fue una de ellas, y para muestra un botón ¿alguien sabe que es de él a día de hoy? Pues a eso me refiero.
La sociedad española hizo oídos sordos, las reformas/recortes que se están haciendo ahora debían haberse hecho hace tres años, y no se hicieron. La culpa fue de Zapatero, pues él era el encargado de adoptarlas, pero ¿quién le puso donde estaba?. 

La economía no era la principal preocupación en 2008, ahora es la primera, nos quejamos de nuestros políticos porque no están a la altura, nos quejamos y reclamamos una solución. Nos quejamos porque es más fácil que piensen por nosotros que hacerlo nosotros mismos. Nos quejamos demasiado, y no digo que no haya razones para quejarse, pero creo que también debemos ser conscientes de que lo que cada uno de nosotros hace tiene una consecuencia, y si no pensamos por nosotros mismos y dejamos que lo hagan otros, de poco servirán después nuestras quejas.

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