Vuelta a los años 80

Leo en el diario el País que las nuevas medidas en materia de justicia nos devuelven a los años 80. Se dice, aunque no directamente, con cierto tono despectivo, como si volver al pasado fuera un error. Lo cierto es que en muchas ocasiones podría parecer que volver a una medida anterior significa retroceder en lugar de avanzar. No obstante no siempre es así. No es así cuando las nuevas medidas que sustituyeron a las anteriores se han revelado claramente perniciosas o perjudiciales. Perjuicios que en este caso se refieren a la justicia y por tanto afectan directamente al ciudadano y a uno de los pilares esenciales de un Estado de Derecho.
No me gusta el tono ligero con el que se habla de la vuelta a los años 80, además se habla de esa vuelta con una frivolidad pasmosa, y además no es cierta.

En primer lugar voy a referirme al tema de la ley de la interrupción voluntaria del embarazo (la mal llamada ley del aborto). No se vuelve a 1980, se vuelve a 2009, que es cuando se modificaron los supuestos de interrupción voluntaria del embarazo, estableciendo una serie de plazos en los que quedaba despenalizado este atentado directo contra la vida humana dependiente. Hay que hablar con propiedad cuando se tocan temas tan delicados y serios como son las vidas humanas. Se vuelve a la ley de 1980 y a la doctrina del Tribunal Constitucional, establecida en el año 1985, en una materia tan capital como es el derecho a la vida.
Puede resultar, para aquellos que conciben el aborto como un derecho, que la reforma de la ley orgánica 2/2010 es un retroceso en relación a la legislación de 1980. No obstante como nunca he considerado que el aborto sea un derecho, sino un delito, para mí en este punto no hay retroceso alguno, sino un cumplimiento estricto tanto de la Constitución Española que consagra el derecho a la vida, como de la doctrina del Tribunal Constitucional. He reflexionado acerca del derecho a la vida en un post anterior, aquí os dejo el enlace.

En segundo lugar, la segunda medida que nos devuelve a los años 80, según el artículo del País, es la de devolver a los jueces el control del órgano de gobierno de los jueces, esto es el Consejo General del Poder Judicial. Cuando se modificó esta medida, yo no tenía uso de razón, y por tanto no voy a valorar los motivos que llevaron a ello, ni me voy a molestar en estudiarlos. Y no lo voy a hacer por una sencilla razón, ha quedado patente que el sistema actual de elección de los miembros del CGPJ sólo ha servido para una cosa, para poner a los jueces el cartel de conservadores o progresistas con una facilidad asombrosa. Algo que para los que queremos y defendemos una justicia independiente es absolutamente intolerable. Por lo tanto, me parece acertada esa medida, aunque sea de los años 80.
Ahora bien, si bien es verdad que fue Guerra aquél que dijo que Montesquieu había muerto, lo cierto es que el gobierno del señor Aznar lo remató, él pudo volver al sistema anterior, y no lo hizo, y no lo hizo porque a él también le interesaba poder controlar a los jueces. Por tanto, es digno de alabanza que se pretendan cambiar las cosas.
Por otro lado, si se renueva el CGPJ, lo lógico es que su renovación se haga de buena fe, y no con el objeto de que los que vayan a ser designados den al CGPJ una mayoría conservadora frente a una mayoría progresista. Lo deseable es que los nuevos miembros del CGPJ fueran realmente independientes y que los periodistas tuvieran que pasarlas canutas para hacer eso que les gusta tanto de encasillar a las personas.

Volver al pasado, reitero, no significa retroceder, volver al pasado en muchas ocasiones implica deshacer el camino mal hecho, en estas dos cuestiones, de una importancia más que considerable, no creo que volver al pasado deba ser interpretado como una señal de retroceso, sino como una señal de que las cosas que se cambiaron no se deberían haber cambiado, puesto que no mejoraron la situación, más bien al contrario, la empeoraron. Eso sí, que nadie me mal interprete, para nada estoy diciendo que cualquier tiempo pasado fue mejor, que más de uno me lo echará en cara, y ya me se la canción. Como decía San Agustín: “No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los que los vuelven malos.” Así que más virtuosismo y menos vicios, éstos últimos ya sabemos todos cuáles son, tanto en materia de embarazos no deseados, como en materia de politización de la justicia.

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